Un reciente estudio vuelve a reafirmar la idea que desde hace años trata de relacionar el Parkinson con el aparato digestivo, pudiendo estar en esta zona del cuerpo el origen de esta enfermedad que afecta a más de 6 millones de personas.

Ya un trabajo realizado el año pasado en relación con esta cuestión, descubrió que la microbiótica intestinal, que protege la salud en muchos aspectos, también influye de manera directa en nuestro sistema inmunológico y nuestro sistema nervioso. De forma que las bacterias presentes en el intestino pueden influir de manera negativa en nuestra capacidad psicomotriz.

Cerca de 9.500 personas sometidas a la extirpación del nervio vago (un nervio craneal que conecta el sistema digestivo con el sistema nervioso) fueron examinadas en Suecia. Su salud fue estudiada durante décadas en comparación con la de cerca de 400.000 personas a las que no se les había sometido a esta intervención.

Tras este análisis, los investigadores descubrieron que aquellos pacientes que habían sido sometidos a un tipo de vagotomía específica, conocida como vagotomía troncular, registraban un porcentaje mucho menor de casos de Parkinson posteriores a la operación, un 40% menos que en el resto de las personas analizadas.

Para los investigadores esto es una evidencia de que el origen del Parkinson puede estar en el aparato digestivo. De hecho, la salud digestiva de muchos pacientes que sufren de Parkinson, es deficiente incluso años antes de que se desarrolle la enfermedad.

Aún con todo, los responsables de esta investigación son conscientes de que sólo tienen indicios y no pruebas irrefutables, ya que saben que existen una gran cantidad de variantes que no se han tenido en cuenta en estos pacientes y que podrían influir también en la aparición del Parkinson, como pueden ser el tabaquismo, motivos genéticos, etc.

Con todo lo mencionado, los investigadores cada vez tienen más claro que los próximos pasos para combatir el Parkinson deben centrarse en la investigación y creación de fármacos que en vez de incidir en las funciones del cerebro, se centren en las funciones intestinales. El cambio en el tratamiento de un paciente, puede ser, en este caso, clave para el modo de desarrollarse de la enfermedad, pudiendo lograr fármacos más eficaces en este sentido.

El objetivo sería lograr la creación de terapias más seguras y efectivas para los pacientes, cuyos efectos secundarios sean menos perjudiciales para estos.