Cuando tienes un hijo te cambia la vida por completo, y quien diga lo contrario miente. No solo me refiero a que tu rutina pega un giro de 180 grados, sino que los cambios que trae consigo es a muchos niveles.

Uno de ellos es la movilidad de la familia. Tu precioso mini, por ejemplo, en el que caben las bolsas de una tarde de compras lo tienes que dejar aparcado y cogerlo en ocasiones especiales.

Cuando ampliamos la familia por primera vez tenemos que tener en cuenta las nuevas necesidades a las que nos enfrentamos si buscamos cambiar de coche.

Las compañías automovilísticas no dejan de estar al tanto de las distintas necesidades familiares para satisfacer al completo el viaje.

Según los gustos de conducción podríamos optar por modelos con un corte más deportivo, familiares muy estables y con un gran maletero, si lo que buscamos es tener un poco más de maletero y un acceso más cómodo a las plazas traseras podríamos optar por un SUV o pequeño todo terreno. Pero si pensamos a corto plazo en aumentar la familia lo más adecuado sería comprar un monovolumen.

Lo que si que está claro es que la seguridad es la característica imprescindible a la hora de adquirir un coche familiar. Los nuevos automóviles ofrecen sofisticados sistemas antibloqueo de frenos, bloqueo electrónico de las puertas traseras para evitar incidentes peligrosos durante el viaje, etc.