En España no hace mucho vivíamos sin internet, smartphones, ipad, ipods, redes sociales, teléfonos móviles… y no sólo sobrevivíamos a no estar permanentemente conectados, sino que hacíamos un montón de planes y conseguíamos quedar sin ayuda de la tecnología.

La aparición de internet se remonta a los años 70 sin embargo en España no se popularizó su uso en los hogares hasta el año 2000, con la llegada de la tarifa plana. A finales de los años 80 comenzó a sonar eso de internet por nuestro país en las empresas y en algunos hogares afortunados. Entonces conectarse a la red de redes era todo un proceso. Se oía un pitido de conexión que parecía que te estabas conectando con la NASA y si usabas internet no podías utilizar la línea telefónica con lo que eso conllevaba.

Pero con el nuevo milenio, llegó el “efecto 2000” que conllevaría una hecatombe tecnológica donde todo aparato eléctrico iba a comenzar a fallar. Los programadores habían decidido, por ahorrar memoria, omitir la centuria del año en las fechas, con la alarma de que el software se volviese loco en los años que no empezasen por 19. Aquella Nochevieja medio mundo cruzaba los dedos para que todo saliera bien.

Entonces llegó el ADSL y su tarifa plana para que internet dejase de ser un artículo de lujo y pasase a ser un producto indispensable en cada hogar.

Entonces los ordenadores ocupaban como un mueble más de la casa y tenían su “sitio especial”, porque eran tan pesados que no se movían del sitio.

Hasta entonces, la vida de miles de niños, adolescentes y jóvenes transcurría de otra manera.

¿Qué hacían sin internet?

Escuchaban música en cintas.

Tener un radiocasete era lo mínimo para disfrutar de la música. Los “casetes”o cintas eran lo común en cualquier casa, gasolinera o área de servicio que se precie. Porque entonces los coches ni si quiera tenían reproductor de CD’s (hoy en día en desuso por los usb y las conexiones bluetooth) y los viajes en coche con tus padres se hacían al ritmo de cintas que bien podían ser grabadas (de la radio o de alguien con un equipo que regrabase cintas) u originales. Si eras afortunado y la radio podía rebobinar o “pasar de cara”, estabas de suerte, sino tenias que pasarlas a mano. Además, teníamos un “walkman” para escuchar música en la calle, que posteriormente fue sustituido por el “discman” con la llegada masiva del CD.

Trabajos en papel y a mano.

Entonces si necesitabas hacer trabajo para el colegio no te quedaba otra que documentarte por medio de los libros. O tenías una gran enciclopedia en casa o te ibas a la biblioteca a consultar. Después, llegó la enciclopedia “Encarta” que te ahorraba el tramite del papel si disponías de este CD-Rom, original, o pirata.

Se escribían cartas y postales.

La comunicación se hacía por medio del papel, y si querías enviar un mensaje esta era la forma más común de hacerlo. Los enamorados se escribían románticas cartas de amor que esperaban durante semanas para su intercambio. Además, cuando uno se iba de viaje, mandaba una postal a la familia o amigos, que en muchas ocasiones llegaba después de que el viajero hubiera regresado de su destino vacacional.

Cabinas de teléfono.

El uso de los móviles no estaba extendido, se veían en el entorno empresarial. Nunca salías sin tener el bolsillo al menos “los 5 duros de emergencia”. Era una moneda de 25 pesetas que equivalían al coste mínimo del establecimiento de llamada local y que te servían para contactar con tu familia si te tenían que recoger de alguna parte.

Hacer fotos era un bien “de lujo”.

Antes las cámaras no eran digitales, tenían carretes con un número limitado de fotos, normalmente de 24 o 36 fotografía, y costaban una pasta. Por lo que tenías que elegir muy bien qué foto ibas a hacer y hacerla con mucho cuidado, porque tampoco podías ver el resultado ni saber si había quedado bien o mal para repetirla. Además, luego había que pagar el revelado de las mismas.

Quedabas por el “telefonillo”.

Si ibas a quedar con tus amigos, lo más probable es que os llamaseis por teléfono para quedar, o bien fuerais recogiendo a la “panda” llamando al telefonillo de cada casa para que “bajasen”.

Contratabas un viaje en la agencia.

Si querías salir de viaje, necesitabas acudir a una agencia de viajes para contratar todos los servicios necesarios, desde reservar un hotel, sacar un billete de tren o de avión, contratar un coche de alquiler… entonces no había buscadores y si querías comparar precios debías peregrinar de agencia en agencia para dar con el mejor precio.

Preguntar a personas cuando nos perdíamos.

Antes cuando ibas de viaje y te perdías, parabas el coche, bajabas la ventanilla y preguntabas a la primera persona que pasaba por allí. O bien consultabas el mapa de carreteras o un callejero. Podías tardar horas en encontrar el sitio. La clave siempre era preguntar a alguno que tuviera pinta de paisano, porque seguro que se iba a conocer bien la zona para indicarte. Eso sí, cuando las indicaciones eran muy largas era más que probable que volvieses a tener que parar para repreguntar. Ahora ya no sabemos ir a ningún sitio sin GPS, y aún así, también te pierdes.

Buscabas trabajo por el periódico.

Entonces para buscar trabajo tenías dos opciones, o mirabas los anuncios del periódico, o te hacías una pila de CV y tarjetas de visitas y te ibas a las empresas a entregar tu CV en mano.

Se ligaba en los bares.

Si querías ligar o conseguir una cita más te valía salir y hacerlo cara a cara. Y si tenías suerte, podías conseguir el teléfono de tu ligue para quedar otro día. Ahora con las webs de citas y las apps para conocer a gente, casi no tienes ni que quitarte el pijama.

Estos son sólo algunos ejemplos de como vivíamos sin internet, así que la próxima vez que se caiga whatsapp, Facebook e Instagram, en vez de entrar en colapso, sal a la calle con tus amigos y disfruta de la “desconexión”.