Las vitaminas son esenciales para el organismo, aportan nutrientes y ayudan a prevenir enfermedades.

Existen diversos tipos de vitaminas que están presentes en muchos de los alimentos que consumimos diariamente, pero solamente se clasifican en dos tipos:

-Hidrosolubles: son aquellas que se disuelven en agua. Todas las vitaminas del grupo B y la vitamina C.

-Liposolubles: se disuelven en grasas y aceites. Vitamina A,D,E y K.

La vitamina C, en concreto, protege a nuestro cuerpo de los radicales libres que se generan cuando practicamos ejercicio de manera intensa, y nos ayuda a superar el estrés oxidativo.

Conocida por su poder antioxidante y la eficacia para reforzar el sistema inmunológico.

¿Por qué incluirla en tu dieta?

-Contribuye a la regeneración muscular

Tiene un papel importante en cuanto a la producción de colágeno presente en huesos, músculos y tendones. Esta vitamina contribuye a la regeneración de tejidos.

-Combate el estrés oxidativo

Como hemos comentado antes, al practicar ejercicio de forma intensa el cuerpo produce una fuerte carga de oxigeno que provoca un desequilibrio y genera radicales libres. La vitamina C ayuda a inhibir esa oxidación.

-Mejora el sistema inmunológico

Siempre hemos escuchado cuando estamos bajos de defensas que un buen vaso de zumo de naranja te las sube en un plis plas. Y es que, la vitamina C, refuerza el sistema inmunológico y al mismo tiempo previene infecciones intestinales.

-Facilita la absorción del hierro

La disminución de los glóbulos rojos es un problema que está a la orden del día. El consumo de vitamina C contribuye a combatirla ya que facilita la absorción del hierro.