Cuando hablamos de crononutrición nos tenemos que remontar a la época de los estudios del cuerpo humano y su metabolismo. Por ejemplo, los estudios del médico Paul Chauchard o el profesor Fred Turek, aclaraban que dentro del cuerpo tenemos un reloj interno que regula el metabolismo.

Este proceso de cambios químicos y biológicos que se producen en las células vivas del organismo pueden variar por factores, no solo internos de una persona, sino también externos.

Por lo tanto, la crononutrición se refiere a la hora a la que hay que nutrirse.  El cuerpo, durante el día, segrega insulina y cortisol cada 4 horas, de ahí lo de hacer una comida pequeña con un intervalo de 3-4 horas.

Aunque comas exactamente lo mismo, si lo comes a horas diferentes puedes tener un efecto distinto sobre la absorción de nutrientes

Al mediodía hay que aportar al cuerpo alimentos que le den bastante energía para pasar el día. Sobre todo, proteínas que nos sacian acompañadas de carbohidratos y verduras para equilibrar.

Por la tarde, lo ideal es tomar algún dulce porque es cuando hay más resistencia relativa a la insulina, y por la noche realizar una cena ligera.

Así que sigue al pie de la letra el dicho: “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.