Dormir se ha convertido en todo un privilegio, y fíjate que es una tarea sencilla y gratis, pero cada vez son menos las horas que dormimos.

En nuestro país somos bastante trasnochadores, inclusive entre semana. De hecho, somos el país europeo donde más tarde se sale del trabajo, y luego no acaban aquí nuestras tareas porque aún nos esperan las labores domésticas, los niños, el perro, que sí nos tomamos unas cañitas… y cuando finalmente nos sentamos en el sofá al final del día nos encontramos que nuestras series de la tele cada vez tienen un prime-time más tardío. En definitiva, nuestro entorno tampoco favorece que nos acostemos temprano.

Al final, acabamos durmiendo con suerte 6 horas y al día siguiente toca madrugar otra vez. Y nuestro consuelo suele ser, bueno, ya dormiré más el fin de semana. Pues igual, no es suficiente y nuestro cuerpo registra una “deuda de sueño”.

Falta de sueño

El acelerado nivel de trabajo, el estrés, y las preocupaciones, entre otras cuestiones, son factores clave que provocan el insomnio o falta de sueño. Según el barómetro del CIS, los españoles cuidan más la alimentación que sus horas de sueño. El estudio revela que el 30% de la población sufre trastornos de sueño y duerme de media 6,43 horas diarias, aunque la cifra empeora si nos referimos a las mujeres y a las personas mayores.

De hecho, un 63% de los españoles cree que debería dormir entre una y tres horas más cada día. Lo que recomiendan los expertos es dormir entre 7 y 9 horas diarias, en función de las necesidades de cada persona, pero por debajo de este tiempo se considera insuficiente para recuperar el gasto que hacemos cada día.

Si eres de los trasnochadores, y te acuestas sobre la 1 de la mañana y luego te levantas sobre las 6:30 a.m. que sepas que estás perdiendo al día, como mínimo ¡una hora y media de sueño! Y lo peor es que si echas cuentas, en 5 días estás perdiendo más de 7 horas, lo equivalente a una noche entera de sueño.

Aunque no todo es culpa nuestra. España está en un huso horario equivocado. Nos encontramos en la misma latitud que Nueva York y aquí amanece y se hace de noche una hora más tarde.

¿Cómo combato la falta de sueño?

La buena noticia es que la deuda de sueño se puede pagar, pero no es posible hacerlo solo los fines de semana. Obviamente, dormir más horas e incluso, echar la siesta hará que recuperes parte del sueño perdido, pero no del todo.

La forma de hacerlo es estableciendo una rutina de sueño, manteniendo unos horarios regulares, a la hora de levantarte y acostarte, incluido fines de semana. Lo ideal es intentar cumplir con las 7 horas de sueño y si necesitas más, ir aumentando poco a poco para acostumbrarnos.

Puedes aprovechar las vacaciones para dormir a pierna suelta, sin horarios ni despertador, para intentar compensar el cansancio. Por otro lado, la siesta es una gran idea, ya que una pequeña cabezada permite contrarrestar los efectos negativos de la falta de sueño. De hecho, tras un experimento en el que los individuos dormían solo cuatro horas, se demostró que, tras una siesta de 20 minutos, recuperaron los niveles de alerta y rendimiento normales.

Consecuencias de la falta de sueño

La principal consecuencia de la falta de descanso es que nuestra salud se resiente. Dormir es una necesidad para nuestro organismo y no hacerlo lo suficiente desencadena una serie de consecuencias en nuestro cuerpo.

  • Psicológicas. Sensación de fatiga, falta de concentración, problemas de memoria y pérdida de energía.
  • Tristeza. Nuestro estado de ánimo puede bajar o ser más apáticos, incluso estar más huraños, pero esto se recupera durmiendo más el fin de semana.
  • Cambios internos. Nuestro ritmo cardiaco se ve afectado por una falta descanso, además varía la producción de hormonas, que puede provocar variaciones en el peso.

Dormir poco puede afectar a nuestro metabolismo y hacernos engordar. Esto se debe a que el cansancio nos lleva a descuidar lo que comemos, tendemos a hacerlo más deprisa, con más ansiedad, lo que provoca una mayor ingesta de calorías. De hecho, es probable que acabes recurriendo a la comida rápida.

La falta de sueño también está asociada al aumento del apetito, ya que dormir poco se relaciona con una menor producción de la leptina (hormona de la saciedad) y una mayor de grelina (hormona que da ganas de comer). Además, se relaciona con un mayor riesgo de sufrir diabetes o hipertensión.