Quizás has oído hablar de TDAH como algo lejano. Quizás te hayas empezado a fijar en ciertos comportamientos diferentes en tu hijo, y estés dudando y dándole vueltas a que tendrá tu hijo.

Aunque no siempre es fácil de reconocer, el TDAH está detrás de un importante número de problemas que pueden aparecer a lo largo de la vida de una persona. Su nombre completo es Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad (TDAH).

Se trata de un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad, y que en muchas ocasiones está asociado con otros trastornos comórbidos.

Según los expertos, el TDAH tiene un origen genético principalmente. Es decir, que principalmente se hereda de padres a hijos. De hecho, un 70% de los factores que influyen en la aparición del mismo son hereditarios. Por cual es probable que dentro de una misma familia haya otra persona con este problema, hasta un 50% de los padres y hermanos de niños con TDAH también lo padece.

Sin embargo, existen otra serie de factores “externos” que también lo pueden causar como la prematuridad, el bajo peso al nacer, fumar o beber durante el embarazo, pueden potenciar estos factores genéticos.

El TDAH puede presentarse con una serie de síntomas llamados síntomas principales o nucleares, que son básicamente tres:

  1. Déficit de atención/Problemas de Concentración. En este grupo podemos observar situaciones muy sutiles. Por ejemplo: cuando le hablas a un niño y no te escucha o necesitas repetirle las cosas muchas veces. Pero otros casos no son tan claros, porque ves que te está mirando y piensas que te escucha, pero realmente, no está pensando en lo que le dices. Parece que no escucha o que no entiende las explicaciones. Es frecuente que estos síntomas provoquen problemas a la hora de escribir y de comprensión lectora. También afecta a las matemáticas y los fallos de cálculo.
  2. Hiperactividad Mental o Conductual/Inquietud/Nerviosismo. Los típicos ejemplos que te harán reconocerlo es que no pueden estar sentados en la silla en la clase, no parar de correr o saltar constantemente o no dejar de hablar. Además, otros menos evidentes son mover las piernas sin parar mientras está sentado, tener algo en las manos en movimiento…
  3. Impulsividad/Impaciencia/Intolerancia a la frustración. Es difícil diferenciar la impulsividad del TDAH de un trastorno de conducta o de una mala actitud voluntaria por parte del niño. Aun así, en el TDAH pueden ser frecuentes las rabietas, la intolerancia a la frustración, los gritos... cuando la impulsividad es algo conductual. Si este síntoma es puramente cognitivo (piensan muy rápido) pueden saltarse palabras al escribir, renglones al leer o diferentes pasos en un ejercicio.

No todos los casos de TDAH son iguales, de hecho, pueden aparecer uno, dos o los tres síntomas en intensidad variable. Por lo que dos pacientes que presentan el mismo trastorno pueden parecerse o no

También son frecuentes otra serie de síntomas llamados comorbilidades de TDAH. Estos aparecen de forma conjunta, aunque no son directamente privados de él y puede haber muchos.

Cómo detecto los síntomas

Para poder diagnosticar el TDAH hay que evaluar los síntomas nucleares y que se presenten desde una edad temprana, es decir, antes de los 12 años. Que tengan una intensidad y frecuencia superior a la normal para la edad y la etapa de desarrollo del niño.

Si estos síntomas deterioran o interfieren de forma significativa en el rendimiento del niño en dos o más de los ámbitos de su vida: escolar o laboral, familiar y social, y, además, no son causados por otro problema médico, un tóxico, una droga u otro problema psiquiátrico.

Normalmente no se diagnostica el TDAH antes de los 6 años, aunque si se han dado casos. De hecho, se suele reconocer cuando los niños empiezan la educación primaria, que es la etapa en la que ya empiezan a aparecer dificultades en el rendimiento escolar y la presentación de disfunciones sociales.

Si creo que mi hijo puede padecer este trastorno, lo primero que tengo que hacer es ponerme en manos de un especialista de garantías. Desde pediatras a psicólogos, podrán ayudarte en un primer momento.

Lo más importante es tener toda la información necesaria y hacer una evaluación definida y completa. Habla con los profesores del colegio y con la familia para hacer un seguimiento correcto.

Para evitar errores en el proceso de evaluación de un niño, el orden de las pruebas que se realizan es fundamental. Se deben hacer 3 en este orden:

  1. Evaluación de TDAH.
  2. Evaluación de Dislexia
  3. Evaluación de Altas Capacidades.

En caso de que se detecte TDAH, hay que intervenir y tratarlo antes de poder evaluar la dislexia. De lo contrario, los resultados de los tests pueden no ser fiables. Ya que un niño con TDAH puede simular una dislexia.

Después hay que ver si no hay TDAH o este ya está tratado correctamente. Entonces se puede evaluar la posibilidad de Dislexia. Si la hay, hay que tratarla antes de continuar.

Además, si medimos el coeficiente intelectual a un niño con TDAH y/o Dislexia, no son tratados correctamente o no sabemos que los tiene, el resultado de las pruebas puede ser bajo. Entonces no sabremos si los fallos cometidos han sido a consecuencia del TDAH o la Dislexia o a un bajo coeficiente

De hecho, también podemos puede haber problemas de errores diagnóstico, ya que un niño con TDAH y Altas Capacidades puede dar resultados normales en algunas pruebas para detectarlos.

Por eso debes tener claro que además de las pruebas, es muy importante el profesional que las hace y su experiencia en este campo.

Si finalmente tu hijo tiene TDAH, tienes que saber que existen diferentes tipos de tratamientos. De hecho, cada niño es diferente y es probable que no todos necesiten lo mismo. Existen terapias y tratamientos farmacológicos que ayudan a controlar y reducir los síntomas.

Cómo padres es importante que afrontéis la realidad y mantengáis una actitud abierta para ayudar a vuestro hijo. Además, debéis explicarle la situación e implicar a familiares y profesores para trabajar conjuntamente.