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Diccionario de seguros

Interés asegurable

Según el Diccionario panhispánico del español jurídico el interés asegurable es el interés económico, legal y sustancial de quien quiere suscribir una póliza con el fin de cubrir un riesgo, que es el verdadero propósito del contrato. En otras palabras, podríamos decir que es el interés que toda persona tiene cuando contrata una póliza para cubrir un riesgo, esto es, para cubrir cualquier accidente o imprevisto que le pueda suceder. 

Como reza el propio término -y también su definición- lo que hay primero es un interés, es decir, un provecho, una ganancia, una utilidad que se quiere extraer. Y ese interés, tal y como lo define el citado Diccionario, es siempre económico, es decir, es un interés dinerario: aseguras algo porque, en caso de existir ese riesgo, quieres a cambio una contraprestación en dinero, en el caso por ejemplo de un seguro de vida, o en bienes equivalentes, por ejemplo, en un seguro de hogar (la reparación del siniestro) o en uno de salud (la cobertura de la enfermedad).

Además de económico ese interés debe ser legal, es decir, ha de ser un interés conforme a la ley y amparado por ella. Y al mismo tiempo sustancial, que se refiere a que debe ser importante o esencial para la persona que contrata la póliza.

Hablábamos en párrafos anteriores del ejemplo del seguro de vida, en el que lo que se asegura es el riesgo de muerte del asegurado (o en algunos casos también el riesgo de incapacidad permanente) por una cantidad económica. En caso de suceder ese riesgo, el asegurado o beneficiario percibiría ese dinero. En este caso podemos observar claramente cuál es el interés asegurable: la persona que contrata un seguro de vida (el tomador del seguro) tiene un interés económico (el dinero que recibiría si al asegurado le sobreviniera la muerte o una incapacidad permanente), que es además legal -puesto que lo ampara la Ley de Contrato de Seguro- y sustancial -es esencial que se dé esta contraprestación para él- y es el motivo por el que contrata el seguro.

En el caso de otros seguros como las pólizas de hogar o las de salud, ese interés que se busca cuando se contrata no es un interés en dinero sino su equivalencia en bienes. Las compañías de seguros mediante los contratos de salud u hogar cubren la reparación del daño para igualarlo a su estado anterior al siniestro. De tal manera que, si en una vivienda se rompe una tubería y daña la pared de la casa, el seguro ofrece la reparación del daño causado por la rotura, haciéndose cargo de la cuantía económica de los desperfectos, no entrega dinero al asegurado para que costee él mismo el arreglo.

En el caso de un seguro de salud, sucedería lo mismo. Lo que el seguro ofrece al asegurado si enferma, no es dinero para que vaya a un médico a tratarse, sino los servicios para restablecer la salud de su asegurado.