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Si compartes tu vida con un gato, sabrás que su independencia es parte de su encanto, pero también un factor de riesgo que debemos gestionar con responsabilidad. Una de las dudas más repetidas entre los propietarios es si ese pequeño dispositivo llamado microchip es realmente obligatorio para los felinos o si solo es algo reservado para los perros.
Con los recientes cambios normativos en España, la respuesta ha dejado de ser opcional: identificar a tu gato es hoy una obligación legal y una de las mejores decisiones que puedes tomar por su seguridad. Por eso, en este artículo te detallamos todo lo que necesitas saber.
La normativa en España ha dado un giro importante en favor de la protección animal. Con la entrada en vigor de la nueva Ley de Bienestar Animal, la identificación mediante microchip ha pasado a ser obligatoria para todos los gatos domésticos en todo el territorio nacional, sin excepciones por raza o lugar de residencia. Esta ley tiene como objetivo principal fomentar la tenencia responsable, combatir el abandono y garantizar que cualquier animal extraviado pueda ser devuelto a su hogar.
Identificar a tu gato con microchip ya es una obligación legal en toda España
Anteriormente, la obligación de identificar a los gatos dependía de la legislación específica de cada Comunidad Autónoma, lo que generaba cierta confusión entre los propietarios. Sin embargo, el marco legal actual unifica este criterio, por lo que, si tienes un gato, debe estar identificado y registrado en las bases de datos oficiales.
Aunque la ley estatal marca la obligatoriedad general, la gestión operativa de los registros sigue dependiendo de las comunidades autónomas y, en algunos aspectos, de las ordenanzas municipales. Esto implica que existen matices administrativos; por ejemplo, el plazo exacto para comunicar un cambio de domicilio o de titularidad puede variar ligeramente de una región a otra. Es fundamental que el animal esté censado e identificado conforme a la normativa específica de la Comunidad Autónoma donde radique el gato, ya que este cumplimiento es un pilar básico para la validez de cualquier servicio o seguro asociado al animal.
El microchip es un dispositivo electrónico minúsculo, apenas del tamaño de un grano de arroz, que el veterinario implanta bajo la piel del animal, normalmente en el lado izquierdo del cuello. Es un sistema pasivo, es decir, no emite señales por sí solo ni funciona como un GPS, sino que almacena un código numérico único de 15 dígitos que funciona como el DNI del gato.
Este código es la llave para acceder a la información almacenada en el Registro de Identificación de Animales de Compañía (RIAC) de cada comunidad. Los datos que incluye son:
La utilidad del microchip se vuelve crítica en situaciones de extravío. Por ejemplo, un gato asustado puede recorrer grandes distancias o esconderse en lugares inaccesibles, por lo que, si alguien lo encuentra y lo lleva a una clínica veterinaria o a una protectora, lo primero que se hará será pasar un lector de microchip. Si el dispositivo está presente y los datos están actualizados, la localización del dueño es inmediata. Sin este sistema, un gato sin collar (que puede perderse fácilmente) se considera legalmente un animal sin dueño, lo que dificulta enormemente su recuperación y lo deja en una situación de vulnerabilidad administrativa.
El proceso de implantación es rápido, sencillo y similar a una inyección convencional, por lo que no requiere anestesia ni hospitalización. Es un procedimiento que se realiza una sola vez en la vida del animal, ya que el chip está diseñado para acompañar al gato de forma permanente sin causar molestias ni reacciones alérgicas.
La ley establece que todos los perros y gatos deben estar identificados antes de cumplir los seis meses de edad. No obstante, en Seguros El Corte Inglés, al igual que la mayoría de los profesionales veterinarios, recomendamos realizar este trámite mucho antes. Lo ideal es aprovechar las primeras visitas al veterinario, alrededor de los 3 meses de vida, coincidiendo con el inicio del calendario de vacunación. Recuerda que, para poder contratar un seguro de mascotas, el animal debe tener al menos tres meses cumplidos y estar ya identificado con su microchip.
La respuesta corta es que sí. Para las compañías de seguros, la identificación del animal no es solo un trámite, es una base esencial del contrato, ya que es el mecanismo que permite vincular de forma inequívoca una póliza de seguro a un animal concreto. Sin el número de microchip, no es posible formalizar el alta de la mascota en nuestro sistema, ya que es el dato que garantiza que el animal que recibe la asistencia veterinaria o el que causa un daño a un tercero es, efectivamente, el asegurado.
Más allá de la obligatoriedad legal y del seguro, el microchip ofrece otras ventajas operativas:
El precio de la implantación del microchip es una inversión única que suele oscilar entre los 30 y 50 euros, dependiendo de las tarifas de la clínica veterinaria y de las tasas de registro de cada comunidad autónoma. Es un coste mínimo si tenemos en cuenta que protege al animal durante toda su vida. Además, que tu gato no tenga microchip puede traer ciertas consecuencias, entre las que se encuentran las siguientes:
Por tanto, el microchip es mucho más que un código numérico; es el vínculo legal y de seguridad que une a tu gato contigo. Asegurarte de que lo lleve puesto y de que tus datos en el registro están siempre actualizados es el primer paso para ser un dueño responsable y para que tu seguro para gatos pueda ofrecerte la protección total que tu mascota merece.