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¿Qué es la disminución del riesgo?

En este “posts” vamos a abordar una cuestión interesante, a la vez que muy importante, en relación con el ámbito del seguro. Se trata, en concreto, de la disminución del riesgo. Eso sí, antes de entrar en profundidad en el análisis de este concepto, consideramos apropiado recordar otras ideas y nociones que pueden sernos de gran ayuda para comprender en qué consiste la disminución del riesgo.

¿Qué es el riesgo?

En primer lugar, evidentemente, debemos tener claro qué es el riesgo. Aunque se trata de un concepto muy amplio, en líneas generales, el riesgo en su vertiente aseguradora consiste en la posibilidad de que se produzca un hecho que genere daños o perjuicios, una contingencia que hace surgir la necesidad de cubrir la probabilidad de que ésta suceda, así como sus diferentes consecuencias, a través de una póliza de seguro. No en vano, podemos decir que en el riesgo encontramos la razón de ser fundamental que da origen al seguro, a las necesidades de protección que tenemos las personas (físicas y jurídicas). Es más, debemos subrayar que sin riesgo la actividad aseguradora pierde todo sentido, puesto que no existe circunstancia o evento al que dar cobertura.

Riesgo: características y tipos

La actividad aseguradora, tal y como acabamos de ver, depende en gran medida del riesgo y de su gestión. Por ello, con el objetivo de dar respuesta a las necesidades de protección que en las personas genera cada riesgo en particular, las entidades aseguradoras que operan en el mercado asegurador ponen a disposición de sus clientes soluciones especialmente diseñadas para hacer frente a cada uno de ellos; por ejemplo, no son iguales las exigencias de protección que presenta un comercio a una gran industria. Pero, aunque para hacer frente a la gran mayoría de los riesgos que nos rodean las compañías de seguros han creado una póliza a tal efecto, hay riesgos que por su naturaleza  y sus características no son asegurables.

En ese sentido, por norma general, para que una entidad aseguradora acceda a dar cobertura a un riesgo, este tiene que ser posible (es decir, que pueda darse); aunque también debe ser incierto (que no tengamos la certeza que va a suceder); fortuito (dicho de otra forma, que no sea intencionado); concreto (escenario que deberá estar contemplado de manera expresa en las condiciones de la póliza); lícito (puesto que los seguros no cubren conductas ilegales como, por ejemplo, conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas); además de medible (acontecimiento de que se conozcan sus consecuencias al estar reguladas de una u otra forma).

Con respecto a los tipos de riesgo, en relación con el ámbito asegurador, como hemos podido ver en recientes “posts” (‘¿Qué tipos de riesgos y qué tipo de seguros existen?’ o ‘Seguros de personas’), la manera más común -creemos que también es la más lógica- de clasificarlos es la que responde a: riesgos personales, a los que dan respuesta, por ejemplo, las pólizas de accidentes, enfermedad, salud o vida; y riesgos patrimoniales, aquellos que, en particular, están protegidos por seguros como los de hogar, comercio, pyme, auto, crédito, caución o responsabilidad civil, entre otros.  Pero, además, las entidades aseguradoras también se ocupan de prestar a los sus asegurados una serie de servicios de gran valor; a través, por ejemplo, de las pólizas de asistencia en viaje (tan necesarias en esta época de emergencia sanitaria), en carretera (fundamentales a la hora de realizar cualquier tipo de desplazamiento con nuestro vehículo), en el hogar (entre otros, servicios como los de manitas en el hogar, cerrajería de urgencias, fontanería…).

Disminución del riesgo. ¿En qué consiste?

Ahora que ya tenemos claro qué es el riesgo en su vertiente aseguradora, así como sus principales características y tipos, nos será más sencillo comprender en qué consiste la disminución del riesgo. Pues bien, en el ámbito de los seguros, la disminución del riesgo, a grandes rasgos, hace referencia a una situación que se presenta cuando, por una serie de acontecimientos que pueden ser ajenos o no a la voluntad del asegurado, el riesgo que se encuentra cubierto por una póliza de seguro adquiere un nivel de peligro inferior al inicialmente previsto y contemplado en el contrato.

Una circunstancia, la disminución del riesgo, que por norma general suele afectar a la prima del seguro (suma a satisfacer a la entidad aseguradora por el tomador del seguro), que normalmente se verá reducida, al ser de menor calado las consecuencias (en caso de siniestro) previstas para ese riesgo. Pero, para que esto llegue a suceder, lo primero que el tomador (en su defecto, el asegurado) tiene que hacer es trasladar a la compañía (que presta la cobertura) la circunstancia que provoca la disminución del riesgo (puesto que, según se establece en la Ley de Contrato de Seguro, se encuentra obligado a comunicar toda variación que afecte al mismo). Así, una vez que la entidad aseguradora sea conocedora de la circunstancia que motiva la disminución del riesgo procederá a reajustar las primas; algo que puede hacer de manera inmediata o a la siguiente fecha de vencimiento de la póliza.

Por ejemplo, imaginemos (en relación con el seguro de autos), con el objetivo de ejemplificar la situación y entenderla completamente, que el tomador del seguro, el titular del vehículo y el conductor del mismo son la misma persona y en el momento de suscribir el seguro tiene 24 años y un año de antigüedad en el permiso de conducir. Transcurrido un año, la situación cambia drásticamente para el asegurado, ya que tiene más de 25 años y más de dos años de carné; circunstancias que al ser trasladadas a la entidad aseguradora supondrán que la prima del seguro sea menor. Pero, también puede darse el caso en el que tomemos la decisión de modificar el nivel de protección de nuestro vehículo; por ejemplo, suele ser bastante habitual cambiar de una póliza a todo riesgo a una a terceros ampliada cuando nuestro vehículo cumple los dos años (el valor de la mayoría de los automóviles desciende mucho al cumplir dos años. Otra situación bastante habitual, en este sentido, es dejar de aparcar nuestro vehículo en la calle para pasar a estacionarlo en un garaje (en el caso de tratarse de un seguro a todo riesgo o que incluya el robo, su precio por norma general será menor).

Situación que se produce cuando, por determinados acontecimientos, ajenos o no a la voluntad del asegurado, el riesgo cubierto por una póliza adquiere una peligrosidad inferior a la inicialmente prevista. La disminución del riesgo motiva necesariamente un reajuste en las primas, que puede realizarse con carácter inmediato o a partir del próximo vencimiento del contrato.

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