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Diccionario de seguros

Accidente

De manera genérica, un accidente se define como un “suceso eventual que altera el orden regular de las cosas” (Diccionario de la Lengua Española, RAE). Como es fácil comprender, en el ámbito en el que nos encontramos, esta definición no nos ayuda en realidad a la hora de delimitar el espacio de atención de una correduría de seguros, ya que abre un universo ingente de posibles sucesos a considerar como accidente. 

Acotando un poco más el espacio, podemos definir también el accidente como un “suceso eventual o acción de que resulta daño involuntario para las personas o cosas” (misma fuente anterior). Como se puede observar, en esta definición estamos ya añadiendo un concepto más: a consecuencia de un accidente existe un daño, que además tiene carácter de involuntariedad.

Si analizamos las definiciones presentadas, antes de entrar en más matices, podemos observar que desde el principio se está aludiendo a la eventualidad del suceso, es decir, no se puede prever que este suceso vaya a ocurrir, ocurre de manera imprevista, y normalmente inesperada. Además, provoca un daño, un perjuicio en forma de daño físico a la persona o un daño a sus bienes materiales, y lo provoca de manera involuntaria, sin que exista intencionalidad alguna en el suceso. 

Es interesante este matiz, ya que en el caso de que se produzca un daño de manera intencionada, la póliza de seguro de la que nos estamos ocupando perderá su validez con toda probabilidad, y el asegurado no verá cubierta su pérdida por el seguro que hubiese contratado. 

Asimismo, en el ámbito de los seguros, es interesante diferenciar un accidente de un siniestro, término en el que se engloban las diferentes situaciones aseguradas por las pólizas. Así, un accidente sería un siniestro, pero también lo sería una hospitalización en el caso de un seguro de salud, o el fallecimiento del asegurado en el caso de un seguro de vida. En un seguro de accidentes, el siniestro será por tanto un hecho imprevisto del que se deriven lesiones a la persona que puedan causar su invalidez temporal, permanente o incluso su fallecimiento. 

El término “accidente” puede venir acompañado de un segundo término que nos ayuda a delimitar el ámbito de acción del mismo, el origen del mismo o el grado en el que puede verse involucrado alguno de los seguros que se puedan haber contratado. 

Así, hablamos de “accidente laboral” para referirnos a “toda lesión corporal que el trabajador sufra con ocasión o por consecuencia del trabajo que ejecute por cuenta ajena” (Artículo 115 de la Ley General de la Seguridad Social), un “accidente de tráfico” cuando nos encontramos conduciendo nuestro vehículo o desplazándonos en un vehículo como pasajeros, pero ¿sabías que si tienes un accidente de tráfico en tu camino de ida o de vuelta al trabajo se considera accidente laboral? 

También es muy común hablar de un accidente doméstico, cuando de forma involuntaria e imprevista ocurre un suceso que provoca daños a nuestros bienes o a nosotros mismos, como pudiera ser una caída en el baño, o un calambre por mal uso de un aparato eléctrico.