Las plantas son un precioso mundo que además de adornar tu casa y sus afueras aportan una compañía muy especial.Cada planta, cada tipo, es un mundo y los cuidados que tienen que tener son únicos y en algunos casos muy diferentes.

Hay que hacer una clara diferencia entre dos tipos de plantas:

 

-Las de exterior: decoran los jardines, arriates, porches, y cada estante que hay fuera de tu hogar. 

-Las de interior: son todas aquellas que adornan el interior de las casas y espacios y que no pueden sobrevivir a una exposición directa con la luz solar.

 

En este artículo nos vamos a detener a explicar que debemos de tener en cuenta para que nuestras plantas de interior tengan un mayor bienestar y vivan el mayor tiempo posible.

 

-Falta de luz

La ausencia de luz suficiente es una de las razones más habituales por las que una planta de interior puede no sobrevivir.

Pero como norma general las plantas de interior han de colocarse cerca de una ventana, balcón, vidriera o galería; con luminosidad suficiente para poder realizar su función más vital: la fotosíntesis.

Si no fuera así, y mientras les quede energía, las plantas buscarán la luz desesperadamente; alargando sus tallos de forma anormal y produciendo hojas de mayor calibre. Pero este mecanismo no siempre las librará de su contratiempo, y de inmediato podrías ver síntomas más graves.

Puedes corregir su ubicación antes de que las hojas se tornen amarillas o empiecen a caer. Los rayos del sol no deben tocar nunca las hojas o se quemarán. Éste es otro error frecuente que debes tener en cuenta.

 

-Exceso de agua

¿Cada cuánto regar las macetas? Las plantas de interior, al tenerlas dentro de casa, necesitan un riego menos frecuente.

Estamos acostumbrados a hidratar en abundancia las plantas del jardín o la terraza cuando llega el verano, para después reducir de forma notable la frecuencia al acercarse el invierno

Las plantas de interior se encuentran más protegidas y no acusan tanto las estaciones.

Si no estás muy convencido de cuánta agua echar, un truco es comprobar la tierra valorando su humedad, siempre aclarará tus dudas. No riegues si aún no es necesario. El exceso de agua es la mayor causa de mortalidad en las plantas

 

-Falta de humedad ambiental

El anterior consejo es muy apropiado para ciertas plantas de interior (crotón, espatifilo, costilla de Adán o tronco del Brasil, por ejemplo). Las plantas adoptadas en nuestras casas son especies en su mayoría tropicales, que gustan de un alto índice de humedad.

Es evidente que las condiciones en una vivienda distan mucho de simular el trópico, pudiendo las plantas aquejar algunos inconvenientes. Las hojas con puntas secas es el síntoma más habitual. Pero lograrás evitarlo con algo de cariño. Las pulverizaciones frecuentes suelen funcionar: procura mojar solo las hojas (evita tocar las flores).

Y si no dispones de demasiado tiempo; recuerda que siempre te queda la opción del plato con grava, arcilla expandida u otro elemento que aísle la base de la maceta del agua que contendrá. El líquido se irá evaporando lentamente, aportando entorno a tu planta una humedad beneficiosa.

 

-Temperatura adecuada

Los cambios bruscos de temperatura o las corrientes de aire son otro problema habitual para las plantas de interior, que suponen con frecuencia la pérdida de sus hojas.

Ya sabemos que estas plantas se encuentran cómodas dentro de cierta horquilla térmica (normalmente entre los 15 y 25ºC), aceptando algo de variabilidad entre el día y la noche o entre el invierno y el verano, pero no les gustan los cambios muy pronunciados.

Los radiadores o el aire acondicionado son factores importante a tener en consideración. Su proximidad puede exceder de lo admisible para ellas.

Con temperaturas elevadas es importante aumentar el riego y facilitar la humedad de las hojas.

Si vives en un lugar frío, al marchar de casa quizás debas dejar la calefacción encendida. Y cuando dispongas de  vacaciones, recuerda que las plantas se han de seguir regando. En “Cómo regar las plantas en verano si te vas de vacaciones” tienes varias sugerencias.

 

-Cambio de maceta

El trasplante a una maceta mayor se hará inevitable con el crecimiento de la planta. Excepto en algunas especies, como la mencionada orquídea, no es bueno que las raíces se encuentren apretadas: tienden a enrollarse, al buscar cómo crecer, y acaban por ocupar todo el espacio, quedándose sin aire. 

También al principio, recién adquiridas, es conveniente el paso a un recipiente más grande. Utiliza un sustrato adecuado: normalmente vienen con una base de turba, poco nutritiva y que si dejamos secar cuesta de volver a hidratar.

 

-Abonar

Este punto está muy relacionado con el anterior. Las reservas en el sustrato se agotan pronto, sin embargo hay que seguir alimentando la planta.

Las carencias de nutrientes se harán evidentes si no se toman medidas (aquí tienes una guía de los síntomas reflejados).

Sobre todo es importante no fallarle a la planta durante la época de crecimiento, también durante la de floración.

Desde la primavera al otoño, puedes utilizar abono líquido (cada quince días), junto con el agua de riego. Atiende las indicaciones del envase: no te pases con la dosis o quemarás las raíces.

Otro fertilizante muy cómodo para macetas es el  “granulado de liberación lenta“, pues abastece de lo necesario a las plantas y durante un periodo más prolongado (dos o tres meses).