Nuestra casa es nuestro refugio, especialmente en estos complicados días, y además suele ser un reflejo de cómo de somos. De hecho, cada hogar tiene su propio olor, uno que nosotros no solemos identificar pero que si lo hace el que entra.

Esta es una tradición muy nuestra, de hecho, es una de las cosas que más sorprende a los extranjeros de los españoles. Es como eso de darnos besos al saludarnos y despedirnos, no ser puntuales… y que les enseñemos nuestra casa les llama mucho la atención.

No importa cuanta confianza tengas con la persona que hayas invitado a tu casa, si es la primera vez que acude, o has hecho una reforma desde la última vez que la visitó, le enseñamos nuestra casa, da igual si es pequeña o grande, siempre sin perder nunca la sonrisa.

Fíjate, si les resulta sorprendente que en internet incluso existen blogs donde les aconsejan cómo debe comportarse antes tales situaciones incluso les recomiendan las frases que debe decir, como muestra de gratitud, al terminar el recorrido. Y la sinceridad no es plato de buen gusto, así que decir que no te gusta una casa se considera una ofensa o de mala educación. Se les indica que deben destacar aquellas partes que le resulten más agradables, como “que gusto, cuantos armarios tienes” o un ‘qué vistas más bonitas tienes’ son de lo más socorrido y quedarás de maravilla.

Pero de donde viene esta curiosa costumbre. Existen muchas teorías al respecto de esto una de ellas dice que se trata de una costumbre heredada de la nobleza y de la alta burguesía y que se fue extendiendo al resto de clases sociales con el paso de los años. Este tipo de gesto no pretende demostrar ostentación, sino que más bien se hace como una forma de socializar, de mostrar generosidad y mostrarnos antes nuestros huéspedes como anfitriones hospitalarios y amables.

También es posible que esta costumbre remonte a épocas muy antiguas y tenga sus raíces cimentadas en la hidalguía y en la influencia del concepto de hospitalidad que hemos heredado, especialmente de la cultura árabe. El hogar sirve para mostrar confianza al invitado ya que lo consideramos nuestro lugar de refugio, nuestro sitio especial.

Además, la casa también es una forma de exhibir la posición económica de la que gozamos, de hecho, cuanto mejor esté decorada y reformada, más se enseña. Incluso hay gente que decora mucho mejor aquellas partes que son más visibles de la casa como el salón, o la entrada.

Según dictan las normas de protocolo, enseñar la casa es un gesto de cortesía. Pero no siempre nos gusta enseñar todas las estancias, por eso en ocasiones nos preguntamos que puede ser lo correcto para enseñar. Lo suyo es mostrar las zonas de mayor uso público como el salón, el comedor, el despacho o sala de juegos y la cocina, que son zonas que han adquirido mucho protagonismo durante los últimos años. Pero tranquilo, si esta última no está recogida y está sucia, puedes decir alguna mentirijilla piadosa para salir del paso.

Antes solía ser el marido el que enseñase la casa mientras la mujer hacía la comida, pero ahora los roles están cambiando, y se están intercambiando por igual los papeles entre el hombre y la mujer.

Sin embargo, en nuestro país cada vez está creciendo más la tendencia de no mostrar la casa a los invitados, o tan solo alguna estancia. Esto debe ser siempre a elección del anfitrión y no debes sentirte menospreciado por ello, ya que hay gente que sencillamente prefiere dejarlo como algo más íntimo. Debe ser el anfitrión el que se sienta cómodo en hacerlo y de esta manera hará sentirse bien al resto. Lo importante es sentirse acogido.