Aunque era algo que temías desde hace tiempo, el momento ha llegado y, sin quererlo, va a cambiar tu vida de arriba abajo.

Lo veías venir durante los años de universidad pero, ¡si el pequeño todavía no ha acabado! ¿Y si no realiza su último año en el extranjero? No, no podemos pedirle eso, ¡ha de vivir su vida!

Así, aunque todavía quedan años para tu jubilación, un buen día llegas  a casa y no hay chaquetas tiradas en la entrada, ni ruido ni un "mamá no encuentro esto", ni música ni desorden... ¡Estáis completamente solos! ¿Y ahora qué hacemos? 

Ahora, toca cambiar de prioridades y volver a orientar nuestro estilo de vida más hacia nosotros mismos y menos hacia ellos que, aunque siempre nos tendrán, ya se valen por sí mismos. Es este el momento en el que puede aparecer "Síndrome del nido vacío" que no es nada más que la sensación de vacío o soledad que queda en padres o tutores cuando los más jóvenes se marchan de casa para comenzar una vida independiente, generando sensaciones como: depresión, pena, incertidumbre, desazón, o vacío existencial.

¿Cómo podemos prevenirlo? 

  • Buscando nuevas actividades o hobbies que nos mantengan entretenidos.
  • Viajando, ya hemos trabajado lo suficiente como para disfrutar de nosotros mismos ahora que los pequeños han volado del nido. 
  • Salir más con las amistades y retomar viejas relaciones que, por el día a día, se habían ido fracturando.
  • Reajustando nuestra situación familiar. Ahora somos menos en casa y debemos volver a crear hábitos que beneficien ambos. 

Al final, la vida se trata de ir pasando etapa tras etapa intentando vivir lo mejor posible disfrutando de las personas que queremos tener cerca. Los cambios siempre dan miedo, pero lo que está por venir también tiene sus cosas buenas. La clave reside ser consciente de que no tiene nada de malo sino que es un proceso natural. Pensando de esta forma, lo afrontarás mejor.