Para ahorrar una considerable cantidad de dinero cada año no debes seguir un solo método, sino que, lo ideal, es simultanear varios métodos e interiorizar conceptos que te ayudarán enormemente a cambiar el chip. Hoy nos centramos en ese proceso previo de aprendizaje para proponeos otro nuevo método de ahorro basado en nuestra propia consciencia (aquello que nos habla cada vez que compramos demasiado…).

Para ello, debemos aprender a diferenciar en el momento adecuado el significado de necesidades frente a deseos. De esta forma, llegado el momento, podremos darnos cuenta de que aquello en lo que vamos a gastar un dinero responde a un capricho o a una verdadera necesidad.

Una necesidad es una sensación subjetiva, ya que no todos tenemos las mismas, de carencia o falta de algún bien, producto o servicio básico que nos ayuda a subsistir. Por ejemplo, estas zapatillas de hacer deporte se han roto, necesito unas nuevas para poder seguir practicando deporte.

¿El primer concepto está claro no? Ahora nos adentramos en el más “peligroso”. En cierta medida, lñas necesidades y los deseos tienen un nexo común pero la diferencia reside en que, en la mayoría de los casos, los deseos no se sustentan en una necesidad básica.

Siguiendo con el ejemplo, la necesidad es la de poder hacer deporte y el deseo puede ser unas zapatillas con diamantes o unas zapatillas básicas que te cubran la necesidad. ¿Bien no?

Por otro lado, los deseos pueden aparecer de repente, llegando a parecerse más a los caprichos. Paseas por un centro comercial y, de repente exclamas para ti mism@, “¡que zapatillas! ¡¡Las necesito!! Las mías están anticuadas o a punto de romperse… à ¡ESE ES EL MOMENTO PELIGROSO! Ahí es cuando debemos darnos cuenta de que lo que estamos pensando es un deseo que no se asocia a ninguna necesidad básica y, si tenemos fuerza de voluntad, evitaremos el impulso y, poco a poco, habremos creado un hábito. ¡Cuestionarnos a nosotros mismos tiene mucho poder para ahorrar!

No esperes a mañana, ¡ponlo en la práctica desde ya!