La vida como freelance puede ser muy gratificante. Si lo haces bien, tendrás mayor libertad, un equilibrio más saludable entre trabajo y vida personal y ganarás dinero “para ti”. ¿Es todo tan bonito como lo pintan?

Cualquier profesional independiente te dirá que este estilo de vida también tiene su cara “B”. No solo serás responsable de conseguir cada trabajo o harás malabarismos con tus propios tiempo y recursos para llegar a todo, sino que también habrá que preocuparse por obstáculos financieros como impuestos, gastos extra, clientes morosos y algunas cosillas más.

El trabajo suele venir en picos y valles; incluso si has estado trabajando muchísimo durante semanas, puedes quedarte sin dinero justo cuando toca pagar las facturas.

 

Un consejo que se oye a menudo es tener ahorrado el salario de tres meses antes de dar el paso al mundo freelance: ese colchón puede ser importantísimo durante el primer año. Pero incluso los autónomos o freelance bien establecidos pueden verse afectados por períodos de barbecho, y es posible que acabes consumiendo tu hucha más rápido de lo que te gustaría.

 

¿Te suena? Sigue leyendo para conocer algunas formas prácticas de resolver los problemas de la economía de un freelance...

 

Hazte un presupuesto de “puesta a cero”

El presupuesto de un hogar ha de ser flexible por necesidad. Los gastos inesperados pueden surgir en cualquier momento, y a nadie le gusta que su estilo de vida lo dicte una hoja de cálculo. Pero es que, cuando eres empleado, el sueldo llega como un reloj (casi siempre). En cambio, si trabajas por cuenta propia, las finanzas comerciales y personales tienden a fusionarse, te guste o no. Incluso si tienes cuentas bancarias separadas, llegado el momento y si lo necesitas, es posible que tires de tu cuenta personal para resolver temas profesionales.

Una forma de maximizar tu dinero durante los períodos pico es hacer un presupuesto de “puesta a cero”. Esto significa que tienes una cantidad de dinero en tu cuenta profesional y que el contador se pone a cero cada comienzo del siguiente mes, en lugar de tener dinero extra en la cuenta. Traspásalo a otra; te ayudará a ahorrar.

El primer paso es realizar un seguimiento de todos tus gastos, con la mayor precisión posible, durante tres meses. Si bien los gastos fijos, como el alquiler / hipoteca, suministros, etc., son fáciles de prever, los gastos flexibles son los más impredecibles y a la vez, los que se pueden recortar más fácilmente.

Una vez tengas una media de tus gastos mensuales, compara esa cifra con tus ingresos promedio, y después podrás establecer un presupuesto.

Además de los gastos normales del día a día, asigna una cantidad fija para ahorrar a largo plazo y otra cantidad para ahorros a corto plazo que también pueden ayudar en caso de gastos inesperados.

 

Cuida tus gastos variables

Hacer un seguimiento de tus costes variables es un ejercicio útil en más de un sentido: si la seguridad de haber tenido un ingreso mensual anteriormente hizo que no te preocuparas demasiado por los caprichos y gastos no esenciales, es posible que ahora te sorprendas de cuánto te gastaste en ciertas cosas.

También te sorprenderás de la facilidad con la que puedes recortarlos si realmente lo necesitas, con un poco de autodisciplina. Si trabajas desde casa, es más fácil prescindir de cosas como las comidas fuera, copas después del trabajo o cafés por la mañana, sin mencionar los gastos de transporte.

La compra también puede ser mucho más eficiente si planificas con antelación y compras con un menú semanal en mente.

Adopta el hábito de comparar y negociar siempre que puedas cosas como teléfono, internet o TV.

 

Conoce qué puedes deducirte

Hay un montón de cosas que puedes compensar en tus impuestos; de hecho, casi cualquier cosa que necesites para trabajar. Esto puede incluir publicidad, viajes, kilometraje, muebles, hardware, software, seguros y mucho más.

Incluso si algo es en parte para uso personal, se puede dividir proporcionalmente y deducir la parte comercial. Si tienes la oficina en casa, por ejemplo, los pagos mensuales como los intereses de la hipoteca, el alquiler y los servicios públicos son parcialmente deducibles.

Sin embargo, si el flujo de caja es escaso, ten cuidado de no pasarte… que un artículo sea “deducible” no es excusa para comprarlo si no lo necesitas. Antes de eso, evalúa objetivamente si lo necesitas para tu negocio en este momento o si puedes esperar hasta que tu economía esté más saneada.

 

Pon tus impuestos y pagos en orden

Presentar el IRPF supone a veces un dolor de cabeza para cualquier profesional, pero posponerlo hasta el último minuto no solo te estresará, sino que también podría costarte más de lo que deberías pagar.

Sobrepasar la fecha límite para la declaración supone una multa, pero incluso haciendo estas cosas a última hora, reunir apresuradamente un montón de recibos sueltos probablemente signifique que se pierda alguno.

Una vez finalizado el año fiscal, trata de presentar tu declaración lo antes posible para saber exactamente cuánto debes y poder presupuestarlo. También te da tiempo para verificar los gastos y presentar todo correctamente.

 

Ten en mente un objetivo a más largo plazo

Esto puede parecer irónico en un mes en el que estés al día, pero si tienes un plan a largo plazo para tus ingresos excedentes, te ayudará a amortizar deudas más rápidamente, a reunir un fondo universitario para tus hijos, complementar tu jubilación...

Una norma práctica es intentar vivir con el 50 % de tus ingresos. Ese podría ser el coste de la vida fijo y mínimo si se eliminan todas las “necesidades no necesarias”. Si otro 30 % cubre tus gastos variables, te resta un 20 % para empezar con tu hucha a largo plazo.

 

Sube tus tarifas

Si no estás ganando lo suficiente para alcanzar esos márgenes ideales de 50-30-20 durante el año, tienes trabajo por hacer para recortar los gastos variables.

Si en cambio, no tienes suficiente trabajo, es posible que debas “gastar dinero para ganar dinero”, en cosas como autopromoción y marketing. Pero si no te falta trabajo y aún así no llegas a fin de mes, puede que sea el momento de echar un vistazo a tus tarifas.

¿Estás cobrando lo suficiente por lo que ofreces? Busca encuestas salariales para comparar, o habla con sinceridad con compañeros independientes y pide consejo sobre las tarifas.

Otro punto que considerar es si has estado trabajando con un cliente durante cierto tiempo con un historial impecable; no hay nada de malo en tratar de negociar una mejor tarifa si se aborda de manera correcta. No supliques ni seas demasiado exigente: sé claro y sincero sobre por qué crees que tu experiencia vale más. Piensa que incluso un cambio relativamente pequeño en tus tarifas, puede marcar una gran diferencia a lo largo del año.