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Receta de potaje de vigila

Receta de potaje de vigila Trucos hogar

Más propio de la comida viejuna, el potaje ha vuelto con fuerza para quedarse. Este plato desapareció de nuestras mesas por aburrimiento y es probable que una persona joven ni si quiera lo haya probado.

El potaje de vigilia o Cuaresma durante décadas fue una obligación culinaria y poco deseada en los hogares españoles. Ahora ya no es tan común que la gente siga los preceptos religiosos de ayuno y abstinencia, pero la época de cuaresma es un periodo que marca 40 días en los que hay que hacer un esfuerzo y dejar de lado los caprichos.

Uno de los sacrificios que se suele hacer es no comer carne los viernes, por eso se cocinaban todo tipo de platos relacionados con el pescado. Los llamados “cocidos viudos” eran los platos básicos de la cocina cuaresmal.

Pero todo esto tiene un porqué, la bula de carne o de Santa Cruzada, se hace para no tener que hacer ayuno todos los días. Al que cumpliera la bula se le permitía ayunar tan sólo Miércoles de Ceniza y Viernes Santo y comer con vigilia el resto de viernes cuaresmales. Por ello, la imaginación de los cocineros ha volado durante años para crear platos contundentes donde no se tuviera que incluir la carne.

Uno de estos platos estrella de los viernes es el potaje de vigilia, hecho con los ingredientes que había disponibles en las despensas castellanas: legumbres, verduras y bacalao.

Para hacer este plato, puedes darle mayor o menor protagonismo al pescado, y algunos de sus ingredientes pueden ser sustituidos por otros. Si no te van los garbanzos, puedes optar por unas alubias blancas o unas verdinas. Que no tienes espinacas, pues ponle acelgas, grelos, repollo o lombarda. Eso sí estas variaciones ya serán un potaje a tu estilo.

En cuanto al bacalao, lo más cómodo es comprarlo ya desalado o sino tendrás que hacer el proceso en casa. Ten en cuenta que si son lomos gruesos tardarán mucho más tiempo en perder la sal que cuando está desmigado. En el primer caso, se necesitan dos días con cambios de agua fría cada 10-12 horas y si son trozos finos o migas, solo necesitarás 24 horas de reposo con sus correspondientes cambios. Para saber si ya está a tu gusto pruébalo y si aún está demasiado salado dejadlo desalar más tiempo.

Antes de nada, necesitaréis lavar el bacalao debajo del grifo para eliminar la capa superficial de sal y dejarlo después en remojo en un recipiente dentro de la nevera.

Parte el bacalao ya desalado en pedazos pequeños, para no tener que estar luego cortando con el cuchillo, e introdúcelo en la cazuela con los garbanzos y las espinacas al final del todo. En tan sólo 5 minutos al calor estará hecho y tierno, aunque si te gusta que tenga una textura más firme se puede hacer a la plancha o confitado en aceite.

El sofrito del potaje es lo que le va a dar clave para triunfar, además te ayudará a espesar el líquido, que puede ser agua, caldo de verduras o el agua en el que hayáis cocido los garbanzos. El pan tostado y la yema de huevo cocido también ayudan a espesar el plato.

Toma nota de la receta y prepárate para disfrutar.

Ingredientes: para 4 personas

  • 500 g de garbanzos cocidos
  • 250 g de bacalao desalado
  • 250 g de espinacas, acelgas u otra verdura
  • 2 huevos cocidos
  • 1 cebolla
  • 1 tomate
  • 1 diente de ajo
  • 1 rebanada de pan tostado
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1/2 cucharadita de cominos en grano
  • Vinagre
  • Aceite de oliva
  • Sal

Preparación:

Primero mete los garbanzos en una cazuela ancha y cubre de agua caliente –o si lo prefieres puedes poner caldo o el agua de cocción de los garbanzos- hasta un dedo por encima de su nivel y llévalo a ebullición.

Mientras tanto puedes ir sofriendo en una sartén con dos cucharadas de aceite de oliva, la cebolla, previamente cortada muy fina y el diente de ajo, también picado. Cuando estén ligeramente dorados, añade el tomate rallado y sin piel. Salpimentar al gusto.

Cuando tengas el paso anterior, añade los garbanzos las espinacas sin tallos, limpias y cortadas previamente. Remueve todo y déjalo que hierva a fuego suave durante unos 5 minutos.

Después agrega el sofrito a la cazuela y revolver.

Por otro lado, maja en un mortero el pan tostado junto con las dos yemas cocidas de los huevos, sal, cominos, pimentón y un chorrito de vinagre. Cuando la mezcla forme una pasta, añádelo a la cazuela y remueve bien para que se integre en el caldo.

Trocea el bacalao en trocitos pequeños o migas que tenga un tamaño pato para comer de un bocado. Agrégalos a la cazuela junto a los garbanzos y las espinacas y ve moviendo ligeramente el recipiente con un vaivén suave durante 5 minutos. Prueba el punto de sal y corrige si es necesario.

Por último, sirve el potaje acompañado de la clara de huevo picada o cortada en cuartos a lo largo.

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