Los atascos forman parte de nuestra rutina diaria, especialmente si vives en una ciudad. En Madrid, por ejemplo, una vía congestionada es tan habitual que lo que nos sorprende es encontrar fluidez en el tráfico. Seguro que estás acostumbrado a los atascos pero, ¿te has planteado alguna vez las razones por las que se forman? Te lo contamos.

El principal y más lógico motivo por el que se forman los atascos es que la cantidad de coches que puede soportar una vía se vea superada. El carril de una autovía genérica, por ejemplo, tiene capacidad para unos 2.000 vehículos. En el momento en que la cifra de coches se empiece a acercar a esta cantidad, éstos comenzarán a reducir la velocidad, haciendo, a su vez, que los que circulan detrás frenen de nuevo, causando el llamado efecto cuello de botella característico de los atascos. Ahora nos preguntamos ¿por qué el número de vehículos supera la capacidad de la vía? Estos son los escenarios más habituales:

  • Disminución de carriles. En cuanto una carretera que dispone de tres carriles pasa a solamente dos e incluso a uno, la misma cantidad de vehículos deben conducir por un tercio o la mitad del espacio original. ¿La consecuencia? Vehículos circulando a velocidad mucho más lenta o directamente parados. Esto también ocurre cuando se corta un carril por obras, averías, accidentes…
  • Una curva de radio pequeño nos obliga a reducir considerablemente la velocidad, haciendo que los de detrás también tengan que frenar y provocando el atasco.
  • El efecto mirón. Seguro que te suena. Hay un accidente y se produce una retención adicional por los coches que frenan al pasar al lado para enterarse y mirar qué ha ocurrido… Esta clase de conductores no solo provocan más atasco, si no que pueden producir nuevos accidentes.
  • Glorietas, cedas o semáforos que obligan a los coches a pararse o frenar.

La presencia de muchos camiones, pendientes en la carretera o la conducción agresiva son factores que también potencian el embotellamiento en las carreteras. Si tienes que coger el coche en tu día a día, ya sabes, ármate de paciencia y sobre todo, circula con un buen seguro que te proteja de cualquier riesgo.