Hoy queremos hablaros de uno de los ramos de seguro que mayor importancia social y económica tiene dentro de los llamados seguros de personas (que son aquellos que amparan los riesgos que pueden afectar a la existencia, integridad corporal o salud del asegurado). Nos estamos refiriendo al ramo de los seguros de vida.

Todos estamos expuestos a numerosos riesgos en nuestro día a día y en la mayoría de las ocasiones nos resulta imposible evitarlos totalmente, pero sí podemos protegernos frente a sus consecuencias cuando el riesgo se materializa en un hecho.

En concreto, la importancia de los seguros de vida radica en prevenir, generalmente en términos económicos, las consecuencias de:

  • un fallecimiento inesperado: en nuestra ausencia es posible que los que dependen económicamente de nosotros no dispongan de suficiente dinero para mantener un nivel de vida adecuado o para afrontar deudas contraídas, como hipotecas o préstamos. Estos seguros son denominados seguros de vida riesgo.
  • Incapacidad permanente absoluta: es una cobertura complementaria en el seguro de vida riesgo. Si llegásemos a sufrir una invalidez que nos impidiese desarrollar toda actividad laboral, normalmente nuestros ingresos se verán reducidos y, además, pueden aumentar nuestros gastos al ser necesarios, por ejemplo, cuidados especiales, acondicionar la vivienda para adaptarla a la nueva situación, etc.
  • la supervivencia a la edad en la que suelen disminuir los ingresos: también hay seguros de vida pensados para afrontar estas situaciones, que se denominan comúnmente seguros de vida ahorro.

Hoy queremos centrarnos en el primero de los tres casos que reflejan la importancia de contar con un seguro de vida: un fallecimiento inesperado.

Por ejemplo, un matrimonio con un hijo cuya fuente de ingresos procede en exclusiva del salario percibido por los cónyuges. Cómo sabemos, las pensiones de viudedad son de poca cuantía con lo que, en caso de faltar uno de los dos miembros del matrimonio, la familia puede atravesar serias dificultades económicas. Esta inquietud podría resolverse de dos maneras diferentes:

1.- Ahorrando una cantidad mensual que sirva para paliar una posible contingencia futura.

2.- Formalizar un seguro de vida riesgo para cada uno de los cónyuges que garantice, en caso de fallecimiento, que el otro cónyuge (siempre que sea designado beneficiario), perciba un capital que les permita afrontar la disminución de ingresos y los posibles gastos adicionales que se generen. ¿Cómo se garantizaría, por ejemplo, poder seguir afrontando el pago del capital pendiente de la hipoteca?, ¿o la continuidad de la manutención y estudios de su hijo?, ¿o…?

La ventaja que ofrece la segunda opción es que, contratando un seguro de vida riesgo tenemos, a cambio de pagar una pequeña cantidad de dinero, en comparación con el capital asegurado, un medio de previsión que permite gozar de protección inmediata frente a la necesidad económica que puede provocar la ausencia de uno de los cónyuges (o de los dos).

Nuestros SuperAsesores nos ayudan a comprender la importancia de los seguros y nuestro papel como asesores a través de sencillas historias. En este caso, gracias a los Seguros de Vida que ofrecemos a nuestros clientes hemos vencido de nuevo al Doctor Siniestro, nuestro personaje malévolo de Los SuperAsesores.