La ducha perfecta no debería exceder nunca de los 5 minutos de duración ni de los 95 litros de agua. Así lo determina la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero, según la última encuesta realizada en España por la empresa de grifería Hansgrohe, el 91% de nosotros hace caso omiso a esta recomendación. Este dispendio de agua no es el único error que cometemos bajo el agua. Veamos los errores más frecuentes en la ducha.

  1. Subir la temperatura. Tendemos a regular el termostato hasta confortables temperaturas elevadas, que nos ayudan a entrar en calor sin quemarnos. Pero no es la alternativa idónea para nuestra piel. El agua templada (alrededor de los 30ºC) es la mejor opción, porque no reseca la dermis.
  2. Abusar del jabón. Los geles con jabón eliminan el manto ácido de la piel. Es recomendable buscar fórmulas “sin”, los llamados syndets, que respetan la capa hidrolipídica que recubre la piel. La mayoría de los productos de ducha de farmacia responden a esta demanda.
  3. Repetir. Ducharse más de una vez al día tampoco es bueno. En caso de necesitarlo, por ir al gimnasio o tener un trabajo muy físico, hay que intentar que la segunda ducha sea lo más rápida posible y sin gel.
  4. Despistar al pH de la piel. El pH es el grado de acidez de una sustancia, y el de la piel varía entre 4,5 y 5,9. El nivel del agua es de 7, y corresponde compensar este desajuste con geles o jabones que contengan un pH en torno a 5.
  5. Utilizar productos excesivamente perfumados. Pueden producir alergias o dermatitis en las pieles sensibles. Cuanto más cosmético sea un producto de higiene, mayor riesgo hay de agresión a la piel.
  6. No aclararse bien. El mínimo resto de gel o jabón que quede en la piel puede provocar dermatitis irritativas.
  7. Depilarse bajo el agua. Muchas mujeres aprovechan el momento de la ducha para rasurarse el vello al tiempo que cae agua, lo que puede provocar irritación. De hacerlo, que sea al menos con geles y espumas específicos y agua templada o fría.
  8. Echar demasiado champú. Los excesos no son buenos. En el caso del champú y la crema suavizante, una superabundancia puede provocar el efecto contrario al deseado. El excedente siempre se queda en la fibra capilar, aportando peso, restando brillo a la melena e incluso provocando sequedad, picor y descamación en el cuero cabelludo.
  9. Aclararse poco el pelo. El pelo tiene que chirriar al escurrirse. Es el único sonido válido para determinar que está perfectamente aclarado. De no ser así el cabello queda opaco, sin brillo y con la raíz pegada al cuero cabelludo e incapaz de expresar volumen alguno.
  10. Asfixiar el cuero cabelludo. El proceso ideal comienza con champú en la palma de la mano que se reparte después por todo el cabello, sin caer en el típico gesto de concentrar todo el producto en la coronilla. En el caso del acondicionador hay que repartirlo por los medios y las puntas, realizando un masaje hacia el cuero cabelludo y sin friccionar demasiado los extremos.
  11. Olvidar la toalla. Dejar la piel húmeda solo está justificado en el caso de que recurramos a un aceite hidratante o nutritivo, que se debe extender sobre la piel y permitir que se seque de forma natural.
  12. Ignorar las uñas. El cepillo de uñas debe ser un complemento obligatorio en la bañera. Hay que aplicar el gel de ducha en él y frotar bien, tanto en pies como en manos.
  13. Olvidarse de la espalda. Es una de las zonas más propensas a acumular células muertas. Los ejercicios de contorsionismo que hay que efectuar para llegar a frotarla son la excusa, pero hay unos caños trenzados que se agarran por los extremos que facilitan mucho la tarea.
  14. Usar siempre la esponja. Las personas sanas y autónomas pueden prescindir de este utensilio de limpieza y aplicar el gel con la palma de la mano. Sin embargo, existen casos en los que se recomendará, por sus beneficios, el uso de la esponja: como, por ejemplo, si hay lesiones cutáneas, como en la psoriasis, para la que la esponja presenta ventajas dado su poder descamativo. En personas dependientes por enfermedad o edad (niños y ancianos) también es aconsejable. En estos casos, lo ideal es emplear esponjas desechables, pues se convierten en un reservorio de gérmenes irremediables.