A raíz de la crisis los sueldos pegaron un bajón considerable, y lo que antes se criticaba, ser un mileurista, hoy es lo más entre los asalariados medios. A esto se le sumó la imposibilidad de conseguir una hipoteca y la subida de los precios de la vivienda.

La burbuja inmobiliaria pinchó y en los años posteriores fueron bajando los precios de la vivienda, pero conseguir una hipoteca era casi una misión imposible. Actualmente, la compra de viviendas ha repuntado, especialmente por la subida de los precios del alquiler. Sin embargo, está repuntando los precios llegando a cotas cercanas al pinchazo de la burbuja.

Son muchos los que hoy quisieran acceder a la compra de una vivienda, pero se preguntan si será posible con su sueldo.

Con un salario de mileurista, las posibilidades de encontrar financiación para adquirir una casa se reducen considerablemente. Sin embargo, no todos los usuarios conocen las posibilidades reales que tienen, o no saben si las tienen.

¿Qué requisitos debes cumplir para poder solicitar una hipoteca?

Lo primero que tienes que tener en cuenta si estás pensando en solicitar una hipoteca son 3 factores:

  1. Tener ahorros. Si consigues salvar el escollo de los ingresos mínimos, para poder solicitar una hipoteca te pedirán que como mínimo, tengas ahorrado el 20% del valor de la casa que quieres comprar, más un 10% destinado a los gastos iniciales. Por esta razón es conveniente que la carga se ajuste lo máximo posible al perfil del contratante ya que cuanto mayor sea la financiación que solicite, más difícil será poder hacer frente al primer desembolso.
  2. La solvencia. Este requisito sirve para medir tu capacidad para hacer frente a las deudas. Esta no solo depende de tu sueldo (ingresos) sino de las deudas que tengas pendientes. Por este motivo, la cuota de tu hipoteca nunca debería suponer más del 30% de los ingresos que entran cada mes en tu hogar.
  3. Contar con un aval. Lo primero que tienes que saber es la figura del aval puede ser importante para conseguir un préstamo hipotecario, sin embargo, no es un requisito definitorio ya que se dará en casos muy concretos. Actualmente, las entidades valoran más la capacidad de pago que tenga el usuario por encima de otras garantías que pueda presentar.

Más tarde tendrás que decidir si prefieres una hipoteca variable o una fija. La elección dependerá de múltiples factores y por ello es imprescindible que los analices para un cliente mileurista que esté buscando una hipoteca, será más complicado superar el análisis de solvencia del banco al solicitar una a tipo fijo que al solicitar una a tipo variable.

Sin embargo, el tipo fijo siempre es una opción más segura que la variable, ya que esta última, con la revisión semestral de cuota puede variar y suponernos un gasto extra mayor al que tenemos previsto cada mes para hacer frente al pago de la hipoteca.

Otra de las claves para poder afrontar las cuotas del préstamo hipotecario es alargar el plazo de devolución. Esto se hace para que los pagos mensuales sean más reducidos. Pero cuidado, porque elegir esta opción implica que vas a pagar más intereses ya que la deuda se acumula durante más tiempo. Esta alternativa es ofrecida, generalmente a perfiles más jóvenes, ya que son un tipo de clientes que previsiblemente tendrán más tiempo para amortizar el préstamo a lo largo de toda su vida.

Si finalmente consigues una hipoteca, la entidad te ofrecerá una serie de condiciones, como contrataciones de seguros, planes de pensiones, etc. que reducirán el tipo de interés. Con los últimos cambios en la Ley Reguladora de Contratos de Crédito Inmobiliario, no estás obligados a contratarlos y el banco deberá ofrecerte una comparativa de precios entre un contrato con los seguros y uno sin ellos.

Eso sí, con la contratación de una hipoteca estás obligado a contratar un seguro. Así se establece en el artículo 8 de la Ley 2/1981 de regulación del mercado hipotecario y desarrollado el Real Decreto 716/2009, que dicta que tienes que tener un seguro por daños -o contra incendios- . En este deberá figurar la entidad bancaria como beneficiaria de la póliza para asegurarse el capital prestado, un requisito comprensible ya que el banco también asume el riesgo.

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