La proliferación de enfermedades de tipo alimenticio como las intolerancias a determinados alimentos o algunos tipos de cáncer, así como la preocupación que la sociedad comienza a mostrar sobre el cambio climático, han dado lugar a una tendencia de consumo que ya teníamos abandonada.

Ahora, nos decantamos por volver a los orígenes y retomar el contacto con la tierra, la naturaleza y sus productos. Nos preocupamos por saber de dónde vienen los alimentos que adquirimos y, aunque el ticket medio de nuestra cesta de la compra mensual aumente, nos decantamos por productos elaborados con técnicas que respetan el medio ambiente y que, a poder ser, no contengan sustancias químicas de ningún tipo y, si han de tenerlas, que sea el mínimo posible. Decimos esto porque en muchos casos, parte de las sustancias ya van germinadas en las semillas. Por ejemplo, para garantizar un color determinado.

La realidad es que como consumidores, cuando hacemos  la compra elegimos antes una manzana redonda, roja y brillante que una manzana deforme cuyo color no es del todo apetecible.  ¿Puede ser que nuestros sentidos nos engañen? No tiene porqué pero en la mayoría de los casos, seguramente la manzana fea sea la más sana y sabrosa, ¡haz la prueba!

Pero, ¿cómo ha de ser esta manzana para ser considerada ecológica? Muy fácil, muchos de nosotros podemos echar la vista atrás un par de décadas, ¿recordáis aquellos sabores? Se trata de volver a reencontrarnos con ellos.

  • Se obtienen con elaboraciones que protegen el medio ambiente.
  • No se utilizan productos químicos como pesticidas y los fertilizantes, han de ser naturales.
  • Todo lo que se produce está regulado por una normativa europea dedicada específicamente a este tipo de productos, con el fin de favorecer su control antes del etiquetado y posterior puesta en venta.
  • En los procesos de producción, se intenta favorecer al medio ambiente así como al ahorro de energía y agua con el objetivo de favorecer la sostenibilidad rural.

Por último, los productos que hayan tenido un proceso de producción de este tipo, pueden llevar etiquetas de tipo: eco, biológico, bio, ecológico u orgánico en sus envases así como los sellos de los organismos europeos pertinentes que respalden el origen de esos productos.

Además, es indudable que su consumo favorecerá nuestra a nuestra salud y a nuestro paladar.