La presión o tensión arterial es la fuerza con que la sangre se mueve a las diferentes partes del cuerpo y se calcula midiendo la presión que la sangre hace sobre las paredes arteriales. Este resultado, se ofrece con dos cifras, la presión sistólica (la máxima presión del sistema circulatorio) y la presión diastólica (la mínima que se registra en la arteria). Como norma general se considera que los valores óptimos de la presión es 120 (sistólica) / 80 (diastólica).

Por tanto, la hipertensión es el aumento de la presión sanguínea sobre las arterias, cuando los valores superan el 160 / 90, y ésta se puede deber a multitud de factores, tanto de tipo personal y ambiental (edad, estilo de vida, alimentación) como genético.

A la hora de compaginar alimentación e hipertensión, es necesario hacer una dieta específica para cada persona, pero también realizar un tratamiento dirigido a un estilo de vida más saludable, incluyendo el ejercicio físico, y abandonando hábitos como el tabaco o el alcohol, especialmente si éstos se toman en altas cantidades.

En cuanto a la dieta, deben bajarse los niveles de sodio, sobre todo la ingesta de sal,  ya que hay relación entre el cloruro sódico y la retención de líquidos, lo que implica un aumento de la tensión. Pero la hipertensión también está relacionada con las enfermedades cardiovasculares, por lo que la disminución de peso, del colesterol y de la ingesta de grasas es un paso adicional para regular el organismo.

Ya hemos dicho que la dieta debe ser llevada de forma personalizada, pero no está de más contar con unos consejos generales para llevar bien la hipertensión y la alimentación:

  • Al cocinar carne, quitar la grasa y elegir sólo aquellas partes más magras. De igual forma, eliminar en frio la grasa en los caldos o sopas.
  • Los huevos están permitidos, pero en un número que no supere los 4 o 5 semanales.
  • A la hora de hacer aliños, elegir siempre aceite de oliva o girasol antes que usar mantequilla. Además, este aporte de aceite se debe hacer ya en el plato, una vez cocinado, para evitar que éste se fría y así disminuir también los niveles de colesterol en sangre.
  • Tomar mucho pescado fresco, al menos 4 veces a la semana.
  • Siempre es mejor tomar alimentos hechos en casa que acudir a los precocinados, que suelen llevar en su composición mucha sal. Para evitar estar todo el día en la cocina, es aconsejable hacer mucha cantidad de comida y congelar lo que no se vaya a consumir, para así tener siempre platos hechos por uno mismo.
  • En caso de tener que tomar alimentos precocinados, es conveniente elegir aquellos que en su etiqueta indiquen que son bajos en sal o sodio.
  • Si se come en restaurante, procurar elegir siempre ensaladas, pescados o aves a la plancha, además de evitar los fritos y los guisos, que suelen llevar mucha grasa.

Y, a la hora de cocinar, evitar usar en lo posible la sal. Hay muchas especias que pueden suplir la falta de sabor de un plato sin sal, y añadir a algunas recetas un poco de jamón picado o en tacos, también aportará la cantidad justa de sal pero de una forma sana y natural.

Nota: "Cualquier referencia a esta enfermedad se hace exclusivamente a título informativo, cualquier decisión al respecto debe ser supervisada por un médico o un profesional de la salud".