Las alertas por parte de los organismos oficiales para que adquiramos hábitos saludables para reducir el riesgo de padecer cáncer, son constantes.

Pero cuando hablamos de cáncer infantil, estamos hablando de un tipo de enfermedad que afecta y se genera de otra manera muy distinta a los adultos.

Si bien son múltiples los factores que pueden influir en la aparición de un tipo de cáncer en un adulto como pueden ser una mala dieta, hábitos poco saludables como el tabaco o el alcohol, una exposición desmesurada a los rayos ultravioletas, etc. en lo que se refiere a muchos de los cánceres infantiles detectados, las causas siguen siendo un misterio. En algunos casos se han detectado mutaciones genéticas derivadas de la exposición de la madre a sustancias tóxicas durante el embarazo, pero lo cierto es que el cáncer infantil no es un problema común, por lo que determinar las causas no siempre es posible.

Tampoco se desarrollan los mismos tipos de cáncer en niños que en adultos. En estos últimos, uno de los más frecuentes, sobre todo en mujeres, es el cáncer de mama. Seguir un plan para la detección del cáncer de mama es uno de los protocolos más marcados en todas las instituciones sanitarias. El cáncer de pulmón, debido sobre todo al tabaquismo, el de colon, el de próstata o el de páncreas, son también de los más padecidos en la población adulta.

Pero en el caso del cáncer infantil, suele ser más común el comportamiento poco normal de células que provocan la aparición de tumores en el sistema linfático, en los huesos y en el sistema nervioso, sobre todo.

Cuando un niño es diagnosticado con algún tipo de cáncer comienza tanto para él como para su familia un duro y largo proceso que en muchos de los casos, si se realiza a tiempo, obtiene resultados positivos para proteger la salud del menor. Los índices de supervivencia han mejorado considerablemente en las últimas décadas gracias a los avances médicos tanto para diagnósticos como para tratamientos.

Los niños deben seguir un estricto control en un centro especializado en oncología pediátrica. Tanto él como las familias deberán estar preparados y podrán contar con la ayuda psicológica necesaria para soportar el tratamiento que lo más seguro incluirá en ocasiones molestias pruebas y el lógico desgaste que siempre origina un entorno hospitalario.

Una actitud positiva y un entorno tranquilo alrededor del menor serán fundamentales para que los niños con cáncer afronten con valentía y fuerza su enfermedad.