La rinitis, también conocida como fiebre del heno, es una alergia que afecta al 27% de la población. La primavera propicia su aparición, así como sus síntomas: congestión nasal, moqueo y estornudos.

También es frecuente la irritación de los ojos con picazón, picor de nariz, oídos o garganta, molestias oculares... En el caso de presentarlos de forma recurrente, se debe consultar al médico y tratar de encontrar el alérgeno responsable de nuestra alergia. Así, te podrán poner un tratamiento para controlar las molestias asociadas a la alergia.

Conviene, además, en caso de ser alérgico al polen, consultar habitualmente los índices de polen y adoptar algunas medidas preventivas durante los meses de primavera, pues los síntomas se recrudecen.

  • Mantén las puertas y ventanas cerradas en las horas de máxima polinización.
  • No realices actividades al aire libre en esas horas.
  • No seques la ropa a la intemperie en esos días.
  • Evita el uso de ventiladores tanto en casa como en el coche, ya que mueven el aire del exterior y con él las partículas de polen.
  • Utiliza gafas de sol cuando salgas a la calle. Las compresas de agua fría o los aclarados con agua destilada pueden aliviar la picazón ocular.
  • Puedes consultar la web de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, muy útil para los alérgicos al polen.

Tipos de tratamientos

La mayoría de casos de rinitis se solucionan recurriendo a antihistamínicos. Si la rinitis alérgica dura más de cuatro días a la semana o se prolonga más de un mes, pueden ser necesarios otros medicamentos, como los corticosteroides intranasales, que son medicamentos que requieren prescripción médica.

Cuando la congestión nasal es muy fuerte pueden usarse descongestivos nasales que se venden sin receta, pero no durante más de tres días sin supervisión médica. Su uso prolongado puede producir congestión y más rinitis como efecto rebote e incluso generar adicción.

Cuando el tratamiento con medicamentos sintomáticos no es suficientemente eficaz, se recurre a la segunda línea de tratamiento: las vacunas contra la alergia. Es importante resaltar que las vacunas para la alergia constituyen, a día de hoy, el único tratamiento curativo que existe de los procesos alérgicos. El tratamiento con vacunas consiste en la administración gradual de dosis crecientes del extracto alergénico al que la persona es alérgica, con objeto de inducir tolerancia al mismo y reducir, hasta su desaparición, los síntomas y signos de la alergia.