Se trata del miedo irracional e irrefrenable de volver a confiar en los demás, debido a alguna experiencia negativa en el pasado. Si de normal, para la mayoría de las personas, ganar la confianza de otras (y viceversa) suele ser un proceso a medio/largo plazo que se demuestra a través de los actos. Aquellas personas que padecen pistantrofobia van un paso más allá, costándoles más confiar en las personas, volviéndose cada vez más vulnerables. A veces, puede convertirse en una auténtica pesadilla y puede derivar en otros trastornos, imagina no confiar en nadie a todas horas durante todos los días de tu vida. El eterno debate interno debe ser, cuanto menos, torturador para uno mismo. 

La confianza es un término amplio y complejo pero, si algo está claro es que, o se tiene o no se tiene y que, en la mayoría de relaciones, se forja a través de los meses o incluso años. Todo depende del baremo que cada uno tenga, aquí entra en juego la personalidad y subjetividad de cada persona. 

¿Qué conductas tiende a desarrollar un pistantrofóbico/a? 

  • Evita trabajos que requieran el contacto humano por miedo al rechazo.
  • Tiene miedo y preocupación hacia las críticas.
  • No se involucra en actividades que puedan suponerle un esfuerzo emocional o sean comprometedoras.
  • Evita relaciones íntimas: solo este punto puede derivar en infinidad de problemas emocionales y psicológicos derivados de la desconfianza y la nula estima en uno mismo. Llegados a este extremo, será muy difícil que las personas que padecen esta enfermedad lleguen a tener pareja o relaciones de amistad duraderas. 

En definitiva, las personas más confiadas suelen ser más felices, aunque en ocasiones se lleven “disgustos”, pero ninguno de nosotros estamos exentos de poder sufrir alguna vez la tan temida pistantrofobia. Lo mejor, como siempre, detectar a tiempo y pedir ayuda psicológica cuanto antes. Las sesiones de coaching emocional suelen venir muy bien.