A priori, parece una broma, lo típico de “a este niño nunca se le cansan las piernas, ¡no para!” Pero, si profundizamos en el tema, nos daremos cuenta de que se trata de una patología un tanto seria, nada de bromas.

En sus orígenes, al parecer esta enfermedad afectaba a personas mayores de 50 años, siendo los primeros casos de niños, reconocidos a mitad del siglo XX. Karl Ekbom fue la persona que escribió por primera vez sobre esta enfermedad.

¿Sabías que es más común de lo que solemos creer? Te contamos un poco más sobre sus síntomas. Teniendo en cuenta los signos iniciales podremos acudir a nuestro médico lo antes posible.

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Los síntomas aparecen normalmente cuando el niño se encuentra tumbado, sentado o en posición de descanso, ¡ahí está la clave! En la mayoría de los casos, suelen aparecer algunos signos como:

  • Pinchazos persistentes en las piernas.
  • Sensación de calor o quemazón.
  • Hormigueo o adormecimiento.
  • Muchos nervios.
  • Muchos niños se quejan de que hay algo corriendo por sus piernas debido a la sensación, esto hace que sus nervios aumenten todavía más.

En definitiva, toda esta suma de síntomas genera en los niños la necesidad irresistible de mover las piernas, ¡sea como sea! Aun así, difícilmente se verán aliviados. De ahí, la importancia de acudir al médico lo antes posible para comenzar a recibir tratamiento. Con un buen diagnóstico, este síndrome pasará a ser un mal menor y la calidad de vida del niño mejorará considerablemente. Eso sí, nada alrededor suya que contenta gaseosas, cafeínas o similar, ¡HYGGE LIFE!