Los seguros o planes de jubilación son productos de vida y ahorro que cubren contingencias en caso de jubilación, fallecimiento o incapacidad laboral. Generalmente la gente los confunde con los planes de pensiones, y aunque el fin sea el mismo, los caminos que recorren son distintos.

Seguro que te estás preguntando que diferencia hay entre uno y otro. Para que te aclares, primero vamos a explicar qué es cada uno.

Plan de pensiones

Se caracteriza por ser un instrumento en el que el contratante va realizando aportaciones periódicas a su plan que luego se invierten en los mercados. Dependiendo del tipo de inversiones que se hagan y el riesgo que esté dispuesto a asumir el cliente, tendrán más o menos.

El dinero que se ha aportado a un plan de pensiones y las ganancias de la inversión se recuperan en un solo pago al final. Puede ser recibido de forma periódica o de forma mixta, cuando el beneficiario se jubila.

Hay otro supuesto en los que en los que se puede cobrar del plan, como en casos de paro de larga duración, enfermedad grave o invalidez.

Seguro de jubilación

Este tipo de póliza es también conocido como plan de jubilación. Su objetivo es el mismo, tener un colchón que nos asegure una estabilidad económica en el supuesto de jubilación. Sin embargo, este producto estaría dentro de la familia de los seguros, ya que no deja de ser un seguro de vida con protegernos. En caso de padecer una enfermedad o de asegurar una cantidad económica a nuestros familiares en caso de fallecimiento y, por supuesto, nos puede valer en caso de jubilación.

Funcionamiento de la póliza

Una vez que sabes lo que es un seguro de jubilación, te contamos como funciona.

Su funcionamiento es parecido al de un plan de pensiones. El titular de la póliza puede realizar aportaciones de dos maneras: de forma periódica a lo largo de la vida del seguro de jubilación, o puede realizar una única aportación de capital al principio del contrato (modalidad de prima única).

Estas aportaciones producen una rentabilidad mínima anual, que puede estar o no garantizada, además de una rentabilidad variable que dependerá de las inversiones realizadas por la entidad gestora.

Es importante saber que en los seguros de ahorro para la jubilación no se ofrece el mismo tratamiento fiscal inmediato que a los planes de pensiones, es decir, no van a ser desagradables en el IRPF con una fiscalidad diferida. Como contrapunto, en el momento del rescate del capital o renta obtenida sólo estaremos obligados a la declaración sobre las plusvalías obtenidas, un dato especialmente importante en el caso de las rentas vitalicias

Más allá de su funcionamiento existen tres principales diferencias entre un seguro de jubilación y un plan de pensiones, las cuales atienden al tratamiento fiscal, la disponibilidad de los ahorros y su rentabilidad.

Cómo hemos comentado, los seguros de jubilación no permiten desgravar las aportaciones. Estas tributan como un seguro de vida, aunque en el momento de recuperar el capital, el titular tan solo tendrá que pagar impuestos por el rendimiento, es decir, la diferencia entre capital aportado y prima satisfecha, que sus aportaciones hayan generado. Por tanto, no tendrá que tributar no por el total del dinero que recibe como ocurre con los planes de pensiones.

Si se diera el caso en el que el tomador y beneficiario sean la misma figura, se tributará en IRPF, en caso contrario, en ISD (Impuesto de Sucesiones y Donaciones).

Como el dinero dinero ahorrado y sus posibles intereses se puede recuperar de dos maneras -recibirlo en su totalidad en forma de capital o de manera periódica en forma de rentas-, si se opta por rentas vitalicias, el importe sujeto a tributación se verá reducido por unos coeficientes que dependerán de la edad del perceptor.

Además, las aportaciones a un seguro jubilación están disponibles en cualquier momento para su rescate, siempre y cuando se cumplan las condiciones recogidas en el contrato. De lo contrario, sí se podrá acceder al capital y sus posibles. En un plan de pensiones no se pueden tocar.

Por último, conviene saber que, en un plan de pensiones, el cliente puede escoger el riesgo que se quiera asumir, que deberá ir relacionado con el perfil de inversor al que responde, y por tanto la rentabilidad potencial a la que aspira. Sin embargo, en una póliza de jubilación no existe esta opción y, por tanto, la rentabilidad suele ser menor. Aunque es un producto conlleva un menor riesgo para los ahorros del cliente.