¿Qué pasa si el beneficiario fallece antes que el asegurado en un seguro de vida?

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El seguro de vida es una herramienta pensada para proteger a quienes más queremos. A grandes rasgos, consiste en que una persona contrata una póliza para que, en caso de fallecimiento o de otras situaciones graves, como la invalidez permanente, alguien que haya elegido previamente reciba una compensación económica. De esta manera, se garantiza cierta tranquilidad en momentos difíciles y se cubren necesidades que pudieran aparecer.

¿Quién es el beneficiario en un seguro de vida?

El beneficiario es la persona o entidad que aparece designada en la póliza de seguro de vida para recibir la indemnización económica si ocurre el siniestro previsto, generalmente el fallecimiento del asegurado.

Algunos puntos clave sobre el beneficiario que son importantes y debes saber:

  • El tomador del seguro puede elegir libremente quién va a ser beneficiario al contratar la póliza.
  • También puede cambiarse el beneficiario más adelante, tantas veces como se desee, siempre que se comunique formalmente a la aseguradora.
  • Si no hay un beneficiario nombrado al ocurrir el siniestro, la ley establece un orden de prelación para decidir quién recibe el capital (habitualmente cónyuge, hijos...).

¿Qué ocurre si éste fallece antes que el asegurado?

Si el beneficiario designado muere antes que el asegurado, la póliza de vida que tienes a tu disposición en Seguros El Corte Inglés contempla que, si no se nombra a otro beneficiario tras ese fallecimiento, no siendo ya posible que reciba el importe quien estaba designado, la indemnización seguirá el orden de prelación legal. Es decir, en ausencia de beneficiario válido, el seguro asignará la prestación según lo que establece la ley.

Mantener actualizados los beneficiarios evita retrasos y asegura que el seguro cumpla su propósito

Sin embargo,es responsabilidad del tomador o contratante de la póliza verificar o actualizar la designación de beneficiarios, para evitar que esta situación genere incertidumbre o retrasos. Aunque no siempre se dan estos casos, es un riesgo real tener beneficiarios fallecidos sin sustitución.

Nombrar un nuevo beneficiario

Como has visto antes, el tomador de la póliza tiene la facultad de cambiar al beneficiario en cualquier momento mientras la póliza esté vigente, comunicándolo formalmente a la aseguradora. Esto permite reaprovechar la póliza si el beneficiario original ha fallecido u otra situación lo hace inapropiado.

Esta modificación debe figurar con claridad en esa comunicación con la compañía. Es importante asegurarse de que el cambio quede registrado oficialmente para que, llegado el momento, se aplique con corrección.

¿Y si hay varios beneficiarios?

Es posible designar varios beneficiarios en la misma póliza. Sin embargo, conviene revisar también los porcentajes de reparto y cualquier otra condición especial de la póliza. Algunos documentos indican que, de no especificarse lo contrario, los beneficiarios comparten el capital asegurado a partes iguales.

Aun así, también se pueden asignar porcentajes distintos de reparto, siempre que la póliza lo permita y quede explícitamente reflejado, y de esta forma, cada beneficiario recibe la parte que se le haya asignado. En el caso de que algún beneficiario fallezca antes que el asegurado, la parte que le correspondiese puede redistribuirse entre los demás, siempre según lo que establezca el contrato o, en ausencia de esta información, conforme al orden de prelación legal.

Cabe tener en cuenta que las condiciones del contrato pueden cambiar según la póliza que decidas contratar, y por eso es muy recomendable comparar entre seguros de vida, para escoger aquel cuyas coberturas se adapten lo máximo posible a lo que buscas.

¿Qué es un beneficiario sustituto y cómo se designa?

El beneficiario sustituto en un seguro de vida es la persona que se nombra como “plan B” por si el beneficiario principal no pudiera recibir la indemnización. Esto suele ocurrir, como venimos relatando, si el beneficiario falleciera antes que el asegurado o renunciase al cobro por alguna razón.

Designarlo es bastante simple: al contratar el seguro, o más adelante mediante una modificación de la póliza, el tomador indica quién será ese beneficiario alternativo y en qué condiciones entrará en juego. De esta forma, se evita que el dinero quede sin un destinatario claro y que tenga que aplicarse el orden legal de herederos.

Se trata de una manera de tener la seguridad de que, pase lo que pase, la indemnización llegará a la persona que realmente se desea.

Si no hay beneficiarios vivos, ¿a quién se paga el seguro?

Si al producirse el siniestro no quedase ningún beneficiario vivo ni válido, ni tampoco se ha designado otro, lo habitual es que el seguro pase a formar parte del patrimonio del asegurado fallecido. Es decir, el capital asegurado se integra en la herencia del asegurado.

Esto significa que quienes legalmente hereden al asegurado, sus familiares según la ley de sucesiones, podrán reclamar ese importe, pero el proceso puede complicarse más (documentación, tiempos, posibles impuestos) que si hubiera un beneficiario concreto.

Consejos para evitar problemas con los beneficiarios en un seguro

Cuando hablamos de seguros de vida, gran parte de los problemas suelen venir de cómo se nombran o gestionan los beneficiarios. Para evitar sorpresas desagradables en el futuro, conviene tener en cuenta algunos puntos básicos que hacen todo mucho más sencillo.

  1. Designar beneficiarios con nombre completo y claro: usa nombres, apellidos, documentos de identificación si es necesario. Evita frases vagas como “mi pareja” u “hijos”, que pueden dar lugar a confusión.
  2. Asignar porcentajes de reparto: si vas a tener varios beneficiarios, define qué parte del capital le corresponde a cada uno. Así no se genera disputa ni ambigüedad cuando llegue el momento.
  3. Actualizar la designación cuando cambien las circunstancias: matrimonio, divorcio, nacimiento de hijos, fallecimientos… todo eso puede cambiar quién debe ser beneficiario. Revisa y modifica la póliza si es necesario.
  4. Nombrar beneficiarios sustitutos: establece alternativas (“si X no puede, que sea Y”) para cubrir casos como que el beneficiario principal fallezca antes que tú o renuncie.
  5. Verificar la validez legal del beneficiario: asegúrate de que la persona o entidad nombrada tiene capacidad legal para recibir el seguro. Si es menor de edad, tal vez necesite tutor; si es una entidad, verifica que esté activa.
  6. Conservar documentación y notificar formalmente los cambios: guarda bien la póliza, copias de los cambios de beneficiario o comunicaciones con la aseguradora. Siempre que hagas un cambio, haz que quede constancia escrita y validada para evitar malas interpretaciones.
  7. Informar a los beneficiarios designados: es útil que quien sea beneficiario sepa que lo es, dónde está la póliza, con qué compañía y qué condiciones tiene. Así, en caso de siniestro, no habrá demora por desconocimiento.
  8. Leer bien las condiciones de la póliza: algunas pólizas tienen requisitos específicos (por ejemplo, documentos a presentar, plazos, exclusiones) que si no se cumplen pueden retrasar o impedir el cobro.

En definitiva, cuidar los detalles a la hora de designar y mantener actualizados los beneficiarios es la mejor manera de garantizar que el seguro de vida cumpla su función.