Los animales nos aportan compañía o cariño incondicional. Pero no son los únicos beneficios de poner una mascota en tu vida. Desde hace tiempo es sabido que también son grandes “terapeutas”, ya que ayudan, y mucho, a personas que padecen traumas emocionales o enfermedades mentales. La zooterapia, disciplina relativamente nueva, se está encargando de sacar a la luz los efectos positivos de esa interación entre personas y animales.

El reto de este campo está en demostrar científicamente cómo personas con discapacidades mentales, niños autistas, enfermos de alzheimer o terminales, mujeres víctimas de la violencia doméstica, anoréxicos o depresivos pueden beneficiarse del efecto sanador de esos otros seres vivos solo con su presencia en sus vidas.

“Esta disciplina es todavía muy joven y no hay estudios rigurosos al respecto”, comenta Paula Calvo, investigadora de la cátedra Fundación Affinity, del departamento de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona, “pero se están observando significativos avances que nos gustaría demostrar y exponer de forma científica”. Entre los avances ya han detectado que las mascotas pueden ser un importante punto de apoyo en el desarrollo emocional infantil, que reducen los niveles de ansiedad, por lo que son muy beneficiosas para gente con depresión y pacientes terminales, además de bajar significativamente el nivel del dolor en pacientes con enfermedades crónicas.

Un 46% de la población española vive con una mascota, y entre ellos, un 25% tiene un perro. En este sentido los estudios han demostrado que entre la población que tiene perro se dan menores índices de obesidad y colesterol. Además, a nivel emocional, este animal supone un gran apoyo, ayuda a sentirse útil y es un elemento socializador, ya que los amos tienden a entablar amistad unos con otros.

Un animal para cada caso

Ana Güimil, etóloga con formación en zooterapia en Francia y directora y fundadora de la Asociación Catalana de Zooterapia, expone que según la patología se suele utilizar la ayuda de unos animales u otros. Por ejemplo, en casos de violencia de género los perros pueden servir de elementos pacificadores, tender puentes de amistad y acabar con la dinámica negativa que se instaura en estas familias, acabando con la dinámica de miedo y negatividad en las relaciones materno filiales.

Los conejos son útiles para tratar con niños autistas porque no demandan mucha atención –algo que puede abrumar a estos pacientes y permiten que el niño tome la iniciativa. Además tienen un pelaje muy suave. Se ha demostrado que acariciar a un animal durante diez minutos relaja y produce endorfinas.

Las pequeñas cacatúas han traído importantes cambios en pacientes con dificultades para verbalizar y exponer en palabras sus miedos o sentimientos, ya que enseñan a esos pájaros a decir palabras. El paciente pasa de ser el alumno al profesor y eso le motiva.

Los caballos empiezan a perfilarse como los animales ideales para trabajar con adolescentes problemáticos, enfermos o con traumas emocionales. No obstante, los equinos dan seguridad, ya que domarlos y guiarlos requiere un aprendizaje y cierto grado de confianza en ellos. Y ayudan a la adquisición de responsabilidades, a saber estar y a crear una rutina.

La mayoría de los que acuden a la zooterapia son personas con trastornos mentales o patologías psiquiátricas a los que los tratamientos habituales no les han ayudado. Pero tener una mascota puede ayudar también a personas sin estas patologías a mejorar su autoestima, rebajar su nivel de estrés y ansiedad o superar la depresión. A empezar de nuevo a los jubilados o a aquellos que han perdido a un ser querido. Los estudios han demostrado que dan también alegría de vivir y ayudan a relativizar los problemas.