Son múltiples las ventajas de tener un perro para los niños: les ayuda a crear hábitos, fomenta el respeto y la empatía, potencia la responsabilidad… Sin embargo, no todos los animales son los adecuados para vivir con pequeños. Con independencia de su raza, hay una serie de pautas que hay que considerar a la hora elegirlo. Lo importante de un perro que convive con un niño es que es que sea:

  • Poco dominante. Que no tenga tendencia a los celos ni presente problemas si se siente desplazado dentro del grupo. Por ejemplo, que no le moleste que el niño agarre sus juguetes o se siente en su cama.
  • Paciente y cariñoso. No le tiene que molestar que los chicos griten, salten, corran o invadan el espacio ajeno. Debe tolerar los efusivos abrazos y muestras de cariño.
  • Poco territorial. Debe ser tolerante frente a la invasión de su espacio. Por ejemplo, si un niño se acerca a un lugar que el perro considera su territorio, como su lugar de descanso, si el perro es muy territorial y no está bien educado mostrará su rechazo.
  • Juguetón. Un perro al que le gusta jugar formará un buen equipo con el niño. Los cachorros de cualquier raza son juguetones, pero también implican más cuidados que un perro ya adulto.

Además, existen algunas razas más adecuadas que otras. Los labradores, bóxers y golden retriever son muy ajustados, ya que tienen un carácter más juguetón y baja reactividad, por lo que toleran más los juegos de los niños cuando les tiran de las orejas o les zarandean.

Los mastines españoles y los san bernardos también son una buena opción, por su carácter bonachón y pacífico. Los beagle son muy vivarachos y activos, por lo que no se cansan nunca de jugar con los niños. Y los collies tienen un fuerte instinto familiar y gran sentido de la propiedad, lo que les convierte en buenos guardianes.

Si tienes una mascota y es uno más en la familia, protégele y cuídale.