Llega la primavera y, con ella, algunas cambios en las rutinas de nuestras mascotas. Y es que el buen tiempo y el aumento de las horas de sol hacen que alarguemos los paseos y visitemos más a menudo el campo, lo que beneficia enormemente a los animales, pero, también, acarrea algunas patologías que pueden perjudicar su salud. Saber actuar contra los enemigos de tu mascota en primavera, es sencillo.

  • Alergias. Como los humanos, hay mascotas que pueden verse afectadas por el polen y sufrir lagrimeo, estornudos, picores... En estos casos, debemos acudir al veterinario que le realizará las pruebas necesarias y le asignará el tratamiento oportuno para combatir la alergia en caso de ser detectada.
  • Picaduras de insectos. Con la subida de las temperaturas, la actividad de los insectos aumenta. Los síntomas de su picadura son múltiples, pero lo más importante es estar alerta de posibles inflamaciones en la boca o la garganta, que pueden generar graves insuficiencias respiratorias o incluso asfixia.
  • Leishmaniasis. Esta enfermedad se propaga a través de la picadura de los mosquitos, y pueden provocar pérdida de peso, caída del pelo, hemorragias nasales, diarreas... Aunque aún no existe ninguna vacuna efectiva contra esta enfermedad, podemos proteger a nuestros perros utilizando productos repelentes o antiparasitarios externos.
  • Procesionaria. Las orugas de los pinos o procesionarias descienden de su nido en lo alto de los pinos entre febrero y marzo. Están recubiertas por pelos urticantes que al clavarse en la piel liberan una toxina muy peligrosa, sobre todo si se clavan en la lengua o en la laringe. La única forma de evitarlas es alejarse de los pinares.
  • Pulgas y garrapatas. Son los eternos enemigos de nuestras mascotas. Estos parásitos se alimentan de su sangre y pueden provocarles hemorragias, además de transmitirles distintas infecciones y enfermedades. Al igual que con los mosquitos y otros insectos, podemos prevenir estos parásitos utilizando distintos productos.
  • Espigas. Las espigas son abundantes en zonas campestres pero también están presentes en los parques urbanos. Las semillas que desprenden pueden clavarse en zonas sensibles como los ojos, la nariz o los oídos provocando diversas infecciones o inflamaciones. Los perros de pelo largo son más propensos a este problema, pues su pelaje facilita la adherencia de las semillas. Por eso, si acostumbramos a pasear a nuestra mascota en lugares donde abundan las espigas, lo mejor es que le cortemos el pelo y les hagamos una revisión después de cada salida. Si observamos alguna espiga clavada, tendremos que llevarlo rápidamente al veterinario para que la extraiga cuanto antes.