Adoramos a nuestros peludos, pero hay veces en que, por el carácter más nervioso propio de algunas razas, o porque sus primeros meses lo hayamos mimado en exceso, se pasan el día (o la noche) ladrando, lo que puede ser molesto para ti, y tus vecinos.

Hay algunas técnicas que pueden ayudarte a evitar que tu perro ladre a todas horas. Eso sí, no esperes resultados milagrosos de la noche a la mañana. Cuanto más tiempo tu perro haya estado “perfeccionando” su ladrido, más tiempo te llevará cambiar sus modales. Así que ármate de paciencia y pon manos a la obra.

Antes de empezar, ten siempre en cuenta lo siguiente:

  • No le grites a tu perro que se calle, a él le parece que tú estás ladrando también.
  • Sé optimista y mantén una mentalidad positiva todo el rato.
  • Sé constante para no confundirlo. Todos en la familia deben aplicar los métodos de entrenamiento cada vez que el perro ladra de manera inapropiada. No puedes dejar que tu perro ladre cuando no debe algunas veces y otras no.

Busca “la recompensa del ladrido”

Hay que tener claro que el perro recibe algún tipo de recompensa cuando ladra -aunque nosotros no sepamos qué es- y hay que eliminar esa motivación. Así que debes averiguar qué obtiene al ladrar y retirárselo. No le des a tu perro la oportunidad de seguir con ese comportamiento.

Si ladra a la gente que ve por la ventana, cierra las cortinas o llévalo a otra habitación.

Si lo hace cuando está fuera, en la terraza o jardín, mételo en casa.

Ignora los ladridos de tu perro hasta que pare

Con esto le retiras la atención mientras ladra. Si le hablas, regañas… percibe una recompensa por ser ruidoso: le estás prestando atención. No hables con él, no lo toques y ni siquiera lo mires. Cuando finalmente se calme, aunque sea para coger aliento, recompénsalo con un premio.

Para que este método funcione, debes tener la paciencia de esperar a que deje de ladrar. Si ladra una hora y al final te frustras tanto que le gritas que se calle, la próxima vez ladrará hora y cuarto. Así aprende que solo si ladra lo suficiente, le prestarán atención.

Ladra cuando está encerrado

Si ladra cuando le dejas encerrado, dale la espalda e ignóralo. Una vez que pare, date la vuelta y dale un premio. A medida que se de cuenta de que estar tranquilo le recompensa con algo que le gusta, alarga el tiempo que debe permanecer calmado antes de darle el premio.

Recuerda empezar poco a poco, premiándolo por estar callado unos segundos; luego ve trabajando periodos más largos de silencio.

Desensibiliza a tu perro de los estímulos

Poco a poco, acostúmbralo a aquello que le hace ladrar. Comienza con ese estímulo a distancia, lo suficientemente lejos como para que no ladre cuando lo vea. Dale premios y acerca el estímulo un poco (unos pocos pasos para empezar) y sigue con sus premios. Si el estímulo se pierde de vista, deja de darle premios. Lo que buscamos es que tu perro aprenda que la aparición del estímulo conduce a cosas buenas (sus adoradas chuches).

Ladra a otros perros

Si, por ejemplo, ladra a otros perros, haz que un amigo con un perro se mantenga fuera de la vista o lo suficientemente lejos para que tu perro no le ladre.

A medida que tu amigo aparezca en vuestro campo visual, vuelta a las chuches.

Y en cuanto salga de vuestro campo visual, deja de dárselas… Repite el proceso varias veces y recuerda que pueden pasar semanas antes de que tu perro preste atención a tus chuches antes de preferir ladrarle al otro perro…

Enseña a tu perro la orden "tranquilo"

En un ambiente sin mucho estímulo, cuando empiece a ladrar, dile "tranquilo" y ponle un premio frente a la nariz en cuanto pare.

Una vez haya aprendido a obedecer esta orden en un ambiente relajado, practica en situaciones que cada vez le sean más molestas hasta que el perro consiga dejar de ladrar inmediatamente cuando se lo pidan.

Mantén a tu perro “cansado”

Asegúrate de que tu perro esté haciendo suficiente ejercicio físico y mental todos los días. Es menos probable que un perro cansado (en el buen sentido de la palabra) ladre por aburrimiento o frustración. Dependiendo de su raza, edad y salud, tu perro puede requerir varias caminatas largas, así como jugar a perseguir la pelota u otros juegos o juguetes interactivos.

Haciendo gala de la mentalidad positiva que pedíamos al principio, piensa la cantidad de tiempo de calidad que pasaréis juntos, enseñándole y jugando a la vez. Y si lo necesitas, recurre a tu veterinario para que te aconseje. ¡Seguro que lo conseguís!