Lo primero, es intentar observar las veces que come, es decir, esperar un par de días a ver las veces que se acerca a su plato o qué tipo de cosas ingiere (puede que algún humano que le quiere mucho también le de comida por debajo de la mesa…). Una vez reconocido qué es lo que sucede, podremos comenzar a tomar medidas. Ahora pensarás, ¿cuántas veces ha de comer un perro al día? En la mayoría de los casos está entre una y tres, dependiendo de la mascota y de su estilo de vida y constitución pero, lo que nunca debemos hacer es dejar siempre su plato con comida. ¡Importantísimo! 

La ansiedad puede deberse a otros factores, al igual que los humanos, los perros pueden padecer ansiedad. Por ejemplo, cuando añoran a un humano, tienen síntomas de la vejez, se sienten solos o escuchan ruidos extraños que les incomodan… 

Por nuestra parte, lo que debemos tratar de hacer es implantar un nuevo hábito de comidas. Como siempre, con los perros la prueba-error termina funcionando, ¡es cuestión de practicar! El entrenamiento es sencillo, elije horas en las que haya alguien en casa para observar, por ejemplo, mañana medio día y noche.

Trata de que el peludo te vea poner su comida en el plato, así, día tras día irá adquiriendo un nuevo aprendizaje. Cuando el humano pone comida he de comer, mientras no. Si haces que siempre coma más o menos en las mismas horas aprenderá a asimilar mejor los momentos de espera, es decir, cuando note hambre o ansiedad sabrá que dentro de muy poco ya podrá comer. Si ves que está demasiado hambriento, ¡anticípate! De esta forma, la ansiedad por comer desaparecerá porque ya habrá comido…

Otro consejo es el de esparcir la comida perruna por el suelo, así no le quedará más remedio que comer más despacio porque tendrá que ir comiendo poco a poco rastreando con la nariz.

Por último, si ves que la cosa va a más y ya empieza a tener problemas digestivos, llama a tu seguro perruno y acude al veterinario para ver qué consejos o tratamiento le beneficia más.