En navidades, al ritmo que crecen las comidas y regalos, aumentan los kilos de basura que generamos en nuestros hogares: botellas, cajas y envoltorios se acumulan en los contenedores por esas fechas. Por eso, debemos evitar que el consumo navideño dañe el medio ambiente.

Desde las organizaciones de consumidores recomiendan, reducir el uso de los grandes envases, que pueden ser nocivos para el entorno. Otro consejo, es comprar los productos perecederos al peso y no envasados en las bandejas blancas, fabricadas con poliestireno, un material muy contaminante.

También, hay que tratar de evitar los productos de usar y tirar: manteles, servilletas y vasos, que adornados con motivos navideños son tan habituales en estas fechas.

Apila en un montón los papeles, embalajes y cartones: las cajas de los juguetes, de los pedidos de compra, de los regalos de empresa… Después, llévalos a un lugar de recogida para su posterior reciclado. Tira al contenedor más cercano las botellas y frascos de vidrio vacíos.

¿Y con los juguetes?

En Navidad llegan los juguetes y con ellos las pilas: lo mejor es comprar pilas recargables o también, siempre que puedas, enchufarlos a la red. No podemos olvidar que las pilas son uno de los grandes contaminantes de nuestras basuras: contienen componentes nocivos. Si gastas pilas convencionales, guárdalas en una caja y llévalas después a los lugares de recogida.

Además, si en estas fiestas quieres poner la casa “a punto” para cuando lleguen tus invitados, no derroches en productos de limpieza y decídete por los concentrados: son más fáciles de transportar, se ahorra en su fabricación y ocupan menos en la basura.

Y hablando de envases, no podemos olvidar el más perjudicial: los aerosoles que contienen CFCs. No compres los “spray” de nieve o de laca de colores. Recuerda que los CFCs destruyen la capa de ozono.

Otro consejo para estas fiestas, es la utilización sostenible de materiales o productos de mayor impacto ecológico como el acebo, que es una especie protegida, el árbol de Navidad, el papel aluminio o el musgo.

Regula la temperatura de la nevera según las instrucciones del fabricante. Siempre que tengas que descongelar, mejor hacerlo dentro del propio frigorífico y así evitar el consumo en el horno o microondas.

Evita abrir la puerta del horno innecesariamente. Cada vez que la abre, se pierde el 20% del calor acumulado; y no abuses de la calefacción. Además de ser perjudicial para la salud, cada grado que aumenta la temperatura consume de un 5% a un 7% más.