Una chimenea es, para muchos, el elemento soñado de una casa. Los que no la tienen, añoran poder tener una cesta con troncos, decorarla en Navidad y la sensación de hogar que las chimeneas otorgan. Pero, la realidad es que no todas las nuevas construcciones están acondicionadas para albergar chimeneas de leña, de las de toda la vida. ¡Imagina el caos si en un edificio de pisos todo el mundo tuviera una chimenea de leña!

Hasta ahora, los amantes de las chimeneas se habían resignado a no tenerlas, expectantes de realizar cada invierno una escapada rural en busca de la tan ansiada chimenea, pero ahora hay infinidad de opciones que tienen más posibilidades de poder integrarse en nuestro hogar. ¡Qué gustazo! Ya estamos imaginando las tardes de domingo viendo películas en casas…

Una buena alternativa a las chimeneas convencionales, son las de gas (propano o natural). ¿A favor o en contra?

A favor de las chimeneas de gas

  • Diseño más moderno y sofisticado, mayor capacidad de personalización.
  • Higiene y limpieza, no hay humos en casa, ni ceniza ni olor…
  • Mayor comodidad a la hora de encender y apagar.
  • Las más novedosas son muy eficientes y seguras.
  • Su instalación es sencilla y no requiere obras o grandes cambios estructurales.
  • No necesitas que cada año venga un deshollinador para limpiarla a fondo.

En contra de las chimeneas de gas

  • Su instalación y mantenimiento (sobre todo esto último) es un poco más caro que las chimeneas convencionales de leña.
  • El combustible es más caro.
  • El calor tampoco es el mismo, una vez se apagan dejan de emitirlo. Tampoco se conserva en exceso el calor residual.
  • Puede dar lugar a posibles sustos. Hay que tener mucho cuidado al abrir la puerta si está encendida, puede combustionar… No es lo habitual, pero, el peligro está ahí.

Teniendo una chimenea, sea del tipo que sea, deberías tener también un buen seguro de hogar. ¡No vaya a ser que pase algo!