El manneken pis es sin duda es uno de los símbolos más representativos de Bruselas y uno de lo más queridos por sus habitantes. Esta simpática estatua a pesar de su aspecto infantil, cumple este año nada menos que 400 años, ha visto pasar toda clase de sucesos en la capital belga.

Por si no la conoces, Manneken Pis, que en neerlandés significa ‘hombrecito que orina’, es una pequeña estatua de bronce que mide 65 centímetros y medio de altura y está situada en el centro histórico de Bruselas (Bélgica). Esta figura, representa a un niño pequeño desnudo orinando dentro del cuenco de la fuente. Junto con el monumento Atomium y la Grand Place es uno de los símbolos de la ciudad y una de sus atracciones turísticas principales de Bruselas.

De las siete calles que parten de la Grand Place de Bruselas, la Rue Charles Buls destaca siempre por su continuo flujo de transeúntes, y es que, si continúas caminando, a tan sólo unos 300 metros después, en la esquina de la Rue de l’Etuve con Chêne, encuentras la explicación. Justo en ese punto verás a cantidad de personas arremolinadas para fotografiar una pequeña estatua, el Manneken Pis.

Esta pequeña estatua, la más emblemática de la capital belga ha cumplido 400 años, y hasta el próximo mayo la ciudad celebra su aniversario. Para conmemorar tan célebre cumpleaños, Bruselas entre otras cosas, presentará la primera publicación científica sobre su amplia historia, así como una moneda conmemorativa con su efigie de 2,50 euros, que es de curso legal en Bélgica.

Historia del Manneken Pis

En el siglo XV, concretamente en el 1451 se encuentra el primer rastro de una fuente con la forma de un niño orinando cerca de su ubicación actual. Este manantial era de hecho, uno de los pocos surtidores de agua potable de la ciudad.

En 1619 fue reemplazada por una estatuilla, representación de un cupido sin alas de bronce, hecha por el escultor barroco franco-flamenco Jérôme Duquesnoy, que la situó sobre una columna de seis pies tallada por Daniel Raessens. Dicha columna fue sustituida por el actual nicho de estilo rococó, en 1770.

Este querubín, tan querido por los bruselenses, fue incluso protegido por los ciudadanos durante el asedio y bombardeo de la ciudad por los franceses en 1695. Tras el asalto francés, quedó una inscripción bajo la estatua después del asalto francés: “In petra exaltavit me, et nunc exaltavi caput meum super inimicos meos”, que significa: el Señor me levantó sobre una roca, y ahora elevo mi cabeza sobre mis enemigos”.

Sin embargo, la estatua actual que hoy observan miles de visitantes, es una reproducción de la original, ya que tras numerosos robos se decidió que fuera colocada una réplica. Tiempos después el Manneken Pis original fue recuperado y se depositó junto a otra copia de bronce dorado del siglo XVII en el Musée de la ville de Bruselas.

Leyenda de su origen

En torno a la estatua del Manneken Pis existen numerosas leyendas de su origen y porqué se representó así en la fuente, y dicen así:

  • Se cuenta que, en 1142, las tropas del duque Godofredo III de Lovaina se dirigían a la batalla contra los Berthout (señores de Grimbergen). Entonces las tropas decidieron colocar al hijo del noble, de dos años de edad en una cesta y colgarlo de un árbol para que se animara. El pequeño salió de su cuna y desde allí orinó sobre las tropas enemigas, que terminaron perdiendo la batalla.
  • Otra de las historias dice que, en el siglo XIV, Bruselas estaba sitiada por una potencia extranjera y los invasores idearon un plan para acabar con la ciudad colocando cargas explosivas en las murallas. Pero un suceso inaudito acabó con el plan: un niño, llamado Juliaanske, les estaba espiando y salvó a su ciudad orinando sobre la mecha encendida.
  • Una de las leyendas que más cuentan a los turistas es esta: un rico comerciante que visitaba la ciudad con su familia perdió a su hijo pequeño y se organizaron unos grupos de búsqueda. Cuando encontraron al niño se estaba riendo y orinando en un pequeño jardín, por lo que el padre decidió ayudar a la construcción de una fuente, y en dicha cima está su hijo orinando en la parte superior.
  • Otra historia cuenta que el hijo de un noble de Bruselas abandonó una procesión para orinar en la pared de la casa de una bruja que le lanzó un maleficio convirtiéndolo en estatua.

“El armario” de la estatua

Resulta que esta pequeña estatua cuenta con un amplio vestuario de trajes. Todo comenzó cuando el rey Luis XV para desagraviar la actuación de sus soldados, que habían robado y paseado la escultura por la ciudad entonces ocupada, hirieron la sensibilidad de los bruselenses, y le regaló a la estatua en 1747 un traje (el más antiguo que conserva) de Caballero de la Orden de San Luis. Con el tiempo se convirtió en una costumbre ofrecer vestimentas al Manneken

La tradición, inicialmente diplomática, tornó hacia un carácter más folclórico a partir de la I Guerra Mundial. Todo este magnífico guardarropa se exhibe en el Museo de la Ciudad, un centenar de los más de mil trajes. El Manneken Pis está vestido unos 130 días al año y en su colección, hay vestimentas de lo más curiosas, desde trajes de Papa, de vampiro ode Elvis, y sigue creciendo cada año, gracias a las aportaciones de países, instituciones y asociaciones de visita oficial.

De hecho, España ha donado un total de 26 trajecitos y algunos, como el de la diseñadora internacional Ágatha Ruiz de la Prada, son tan delicados que solo los ha podido lucir en un par de ocasiones.

Pero no todos los trajes son dignos del Manneken, ya que hay que cumplir una serie de requisitos. El traje debe ser completo y confeccionado con la calidad necesaria para poder ser exhibido y guardado. Tampoco ha de responder a fines políticos, comerciales o religiosos.

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