Sin embargo, puedes encontrarte una desagradable sorpresa, sobre todo si pasas por estos siete lugares…

En España tenemos la suerte de tener carreteras seguras, bien asfaltadas y por lo general anchas y cómodas –al menos lo son las más concurridas-, sin embargo, alrededor del mundo existen vías que es mejor no atravesar...

  • Carretera del Atlántico. Atrae a muchísimos turistas puesto que es una carretera que va desde Noruega saltando de isla en isla hasta Averoy. Es cierto que el paisaje es espectacular, pero está considerada la carretera más peligrosa del país porque son muy pocos los metros que la separan del océano y los vehículos sufren muy a menudo el fenómeno del aquaplaning.
  • Camino a los Yungas. Su otro nombre es “La carretera de la muerte” así que te puedes imaginar lo relajado que es el camino. Une la selva amazónica con La Paz y mide unos 65 km con un desnivel de, atención, 3.600 metros. Si además le añadimos el barro, las condiciones meteorológicas y los deslizamientos, el resultado es una carretera muy apetecible, ¿a que sí?
  • Autopista Dalton. A diferencia de la mayoría de carreteras norteamericanas, esta vía situada en Alaska es una de las más peligrosas del mundo. El hielo, las ventiscas y la poca visibilidad hacen que solo sea apta para expertos al volante.
  • Fairy Meadows. Esta carretera, bueno, más bien camino empedrado, se encuentra en Pakistán y es frecuentada por montañistas. Cualquier distracción en una de sus cerradas curvas puede acabar en tragedia.
  • Autopista Eyre. No es que sea peligrosa, es que esta carretera de 1.600 km es la más aburrida del mundo, lo que supone un gran riesgo para los conductores. Al no tener apenas curvas ni coches, el sueño puede jugarte una mala pasada.
  • Avenida Commonwealth. Al contrario de las anteriores, la Avenida Commonwealth se encuentra en una gran ciudad de Filipinas y si pasas por allí, te vas a sentir como si estuvieses dentro del videojuego Gran Theft Auto. Busca un vídeo de esta vía y sabrás de lo que hablamos…
  • Carretera Sichuán. Se la conoce como “el camino hacia el cielo” por su bellísimo paisaje, pero lo cierto es que atravesarla puede ser un infierno. Curvas empinadas, tráfico, barro… Todo un reto.