Para muchas personas, las navidades son sinónimo de regalos, comidas y cenas con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Sin embargo, hay un lugar donde la Navidad cobra todo el sentido y nos transporta al lugar donde empezó todo. Estamos hablando de la ciudad de Belén, cuna del cristianismo, un viaje para regresar a los mismos orígenes de la festividad y poder tocar los lugares donde, según la tradición cristiana, todo comenzó.

Si quieres vivir la Navidad donde empezó todo, lo primero que tienes que saber es que los actos relacionados con la Navidad, en la ciudad de Belén se inician en el mes de noviembre. ¿El motivo? Pues el último sábado del mes se celebra la festividad de Santa Catalina, y aprovechando esta fiesta, se iluminan cuatro velas en la Gruta de la Natividad y, de manera simbólica, se desplazan a los cuatro puntos cardinales.

Belén es una ciudad palestina en la región conocida como Cisjordania, situada a unos 9 km al sur de Jerusalén y enclavada en los montes de Judea.

Cómo se celebra la Navidad

En Belén, arranca la Navidad el primer sábado del mes de diciembre con el tradicional encendido de la iluminación de un gran árbol cuantiosamente decorado con bolas y guirnaldas de colores, ubicado junto a la Basílica de la Natividad. Esta se considera la ceremonia oficial que marca el inicio de la festividad en Belén y a la que suelen acudir unas 10.000 personas, nada menos.

Una curiosidad de la Navidad en Belén es que se celebra en tres ocasiones de acuerdo a los distintos ritos: ortodoxo, latino y armenio. Y, de hecho, cada uno sigue su propio calendario, aunque los días grandes, 24 y 25 de diciembre, se suma toda la comunidad cristiana y autoridades de la región.

En esta ciudad celebran: la navidad católica el 25 de diciembre; la ortodoxa el 7 enero; y la armenia el 18 de enero. Por este motivo aquí no hablan del día de Navidad sino de la temporada de Navidad.

Una nochebuena diferente

El día 24 de diciembre el patriarca de los católicos, Fuad Twal, máximo representante de la Iglesia Católica en Tierra Santa, realiza una procesión entre su sede de Jerusalén y Belén. De esta forma da el pistoletazo de salida a los actos litúrgicos de la Navidad.

De la sede del Patriarcado Latino, este sale escoltado por la Policía israelí, siguiendo un estricto protocolo que se repite cada año. En el trayecto tiene que atravesar el muro de hormigón que separa las ciudades, donde el prelado recibe las felicitaciones navideñas preceptivas por parte de las autoridades israelíes en un monasterio cercano.

A continuación, el patriarca cruza a la altura de la tumba de la matriarca bíblica, Raquel, ya en Belén, y se dirige hacia el monte donde se alza la Natividad, escoltado ya por la Policía palestina y los notables de la ciudad.

En torno a la Plaza del Pesebre, contigua a la Basílica de la Natividad, así como en las calles aledañas, visitantes y lugareños, se agolpan para recibir a Fuad Twal. Allí se monta todo un espectáculo digno de ver una vez en la vida, se escuchan los vítores y los cánticos navideños, a las bandas locales de “boyscouts” y se pueden ver a los monaguillos, vestidos con sus mejores galas que van abriendo paso a la comitiva en medio del repiqueteo de tambores.

Este día, cómo no podía ser de otra manera, la ciudad de Belén se convierte en el centro del mundo y todos los focos y ojos están puestos sobre esta plaza. Y aunque sea una zona de conflictos, suele llenarse de personas que observan la decoración de banderines y ornamentos propios de la Navidad que, sin embargo, en el resto de la región de mayoría musulmana y judía pasa casi desapercibida.

Celebración de la Navidad

La Misa del Gallo, que conmemora la solemnidad de la Navidad, se celebra por parte del patriarca en la Iglesia de la Natividad, a la que asisten autoridades como el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, una tradición que fue iniciada por su antecesor Yaser Arafat.

Al finalizar la ceremonia y, siguiendo la tradición, se venera una imagen del Niño Jesús, que es llevada en procesión hasta el pesebre y se deposita junto a una estrella de catorce puntas, realizada sobre mármol, que se halla en el interior de la Gruta de la Natividad.

Esta imagen, retorna a su lugar habitual, su altar original de la Virgen en la iglesia adyacente de Santa Catalina, bajo custodia franciscana, tras la celebración de la Epifanía del Señor, el día de Reyes.

Como curiosidad, sobre la talla del Niño, es que es española. Fue encargada por fray Gabino Montoro en 1920 a la casa ‘Viuda de Reixach’ de Barcelona (España) y realizada por el artista Francisco Rogés.

El día 25 de diciembre, también se celebra la misa navideña pero ya carácter menos solemne que la anterior, y el 28 se conmemora otro acto litúrgico, el día de los Inocentes.

Sin duda lo más especial de celebrar la Navidad en este lugar, es que aquí se vive cien por cien, ya que se puede ver, tocar y recorrer los lugares donde todo aconteció realmente.

En estas fechas las callejuelas del casco antiguo de la ciudad palestina, montan un mercadillo, en el que podrás encontrar los tradicionales pesebres hechos con madera de olivo, y otro tipo de ornamentos sencillos, pero muy bonitos, que sólo están pulidos y llevan una capa de barniz.

Los visitantes también aprovechan la ocasión para visitar la conocida como “Gruta de la Leche”, que se encuentra ubicada en una de las calles aledañas a la Natividad. Aquí, según cuenta la tradición cristiana, se cree que a la virgen María se le derramó leche cuando amamantaba al niño Jesús antes de su huida a Egipto, y esta fue la que tornó la cueva de un color blanquecino.

De hecho, a esta gruta acuden las mujeres, tanto cristianas como musulmanas, en la cual hay una pequeña capilla, para pedir que los futuros hijos vengan bien, o para pedir por un fomento de la fertilidad.