Los hoteles grandes y con poca personalidad, de toda la vida, se enfrentan a la proliferación de alojamientos hoteleros más pequeños, pero con más encanto e historia.

Sí, nos referimos a los ya conocidos desde la década de los 80 como hoteles boutique. A día de hoy, ya están repartidos por todo el mundo y se han convertido en una de las opciones más valoradas de un determinado público. Además, las grandes cadenas, conscientes de ello se han lanzado a la apertura de hoteles chic con encanto donde la experiencia, el tratamiento y el cuidado de los detalles ha pasado a formar parte de la apuesta de valor del hotel, tanto como la comodidad, el precio o la localización. ¡Todo suma!

Así pues, ¿cómo debe ser un hotel boutique para que los huéspedes nunca quieran marchar?

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Bueno, vamos al grano, ¡hoteles boutique!

  • Suelen ser edificios singulares por su belleza a historia.
  • No son excesivamente grandes. El número de habitaciones es limitado.
  • La atención es personalizada, agradable y cuida al máximo los detalles, así como que la estancia sea lo más agradable posible.

  • Cuentan con todo tipo de comodidades, en ocasiones, los huéspedes acuden para relajarse y comer bien, ni si quieran salen a hacer turismo, por ello encontramos algunos hoteles boutique en medio del campo, sin turismo masificado a si alrededor. Hecho que, para muchos de nosotros es un gran valor añadido. ¡El descanso también es necesario!
  • Por tanto, podemos diferenciar entre los resorts campestres (ideales para el agroturismo más chic) y los más urbanitas.
  • Estética cuidada y siempre a la última en tecnología y tendencias.
  • Preocupados por conservar el patrimonio material e inmaterial de la zona donde se ubiquen.

Si hoy no fuera lunes, ¡nos iríamos a uno de ellos de inmediato! Qué ganas de vacaciones así de repente, ¿no?