La leche materna es, sin duda, el mejor alimento infantil que existe. Por eso se recomienda, siempre que sea posible la lactancia en los bebés. Es muy equilibrada y contiene todos los nutrientes necesarios para el correcto desarrollo del recién nacido.

La lactancia proporciona beneficios en el sistema inmunológico de los bebés y su salud a largo plazo, ya que, entre otras, previene de la obesidad y favorece un mayor coeficiente intelectual.

Según un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) se ha demostrado la existencia de una asociación entre las concentraciones de oligosacáridos de la leche humana y el peso y la composición corporal de los bebés.

De esta misma tesis se extrae que la leche materna ayuda a prevenir la obesidad, no solo en la infancia, también en la edad adulta. Sin embargo, los componentes de este alimento responsables de estos efectos beneficiosos, siguen siendo mayoritariamente un misterio.

Lo que sí se sabe es que la leche humana es una mezcla que contiene proteínas, grasas, minerales y vitaminas, además de complejas moléculas de azúcar llamadas oligosacáridos propios de este alimento. Existen aproximadamente 150 tipos de HMOs (Human milk oligosaccharide), y como ocurre las huellas del pulgar y la lengua, la combinación y concentración de HMO es única para cada madre lactante.

Por si no lo sabías, los HMO son prebióticos naturales que contribuyen a la formación del microbioma del intestino del bebé, lo que puede ayudar a prevenir a los riesgos de salud y enfermedad. También actúan de forma independiente del microbioma, y protege a los bebés de enfermedades como la diarrea infecciosa o la enterocolitis necrotizante, una enfermedad grave que afecta al intestino de los bebés prematuros.

Además, las HMO ayudan a reducir potencialmente el riesgo de enfermedades no transmisibles, como el asma, las alergias y la obesidad más adelante en la vida.

La leche materna, pasa por diferentes fases para aportar a los niños los nutrientes que más necesitan en cada momento.

El calostro

Esta leche es la que se da en los primeros días y tiene una serie de características:

Contiene un alto contenido en proteínas, por eso es el alimento perfecto para satisfacer las necesidades de un recién nacido. Esta leche tiene una apariencia entre blancuzca y amarillenta, y es rica en nutrientes y anticuerpos que el bebé necesita justo después de nacer.

Aporta gran cantidad de defensas inmunológicas y estimula el desarrollo de su propio sistema inmunológico. El calostro contiene una sustancia llamada inmunoglobulina A secretora, que es capaz de formar una capa protectora sobre las membranas mucosas en los intestinos, nariz y garganta del bebé, que son las partes más susceptibles para contraer virus, bacterias e infecciones.

Ayuda a reducir la absorción de bilirrubina y los problemas de ictericia. Cuando el bebé ingiere la leche materna suficiente le ayudará a eliminar el excedente de bilirrubina a través de las heces.

Tiene un efecto laxante. Este tipo de leche, normalmente se digiere fácilmente y por eso el bebé la demanda frecuentemente, lo cual, además facilita la estimulación de leche en las madres.

Beneficios de la leche marterna

  • Proporciona los nutrientes que necesita el bebé en la proporción y temperatura adecuados. La leche materna aporta a los niños una combinación ideal de nutrientes muy necesarios para ellos, ya que les da las vitaminas, proteínas y grasas que necesita. Y como su composición cambia conforme crece el bebé, esta satisface sus necesidades en función de las diferentes etapas de desarrollo.
  • Se digiere y asimila con gran facilidad. Esto es muy importante para los bebés ya que les previene de incomodidades relacionadas con su delicado sistema digestivo, como la diarrea, el estreñimiento y los cólicos.
  • Transmite los anticuerpos de la madre y alarga el periodo de inmunidad natural. Entre sus beneficios, esta leche proporciona anticuerpos que le ayudan al bebé a combatir los virus, bacterias e infecciones. Además, como son los que provienen de la madre, los anticuerpos que se transmiten son específicamente aquellos que le van a dar las armas para combatir los peligros a los que el bebé está expuesto en su medio ambiente. La nutrición en las primeras etapas de la vida del bebé es determinante para el desarrollo de su sistema inmunológico.
  • Reduce la predisposición a enfermedades respiratorias. Aquellos bebés que se alimentan de lecha materna exclusivamente durante los primeros seis meses de vida tienen menos infecciones en el oído, enfermedades respiratorias (incluyendo asma), y molestias digestivas e intestinales.
  • Ayuda a prevenir las alergias. Los bebés que toman este alimento son susceptibles a padecer menos alergias a alimentos, factores ambientales y en la piel. Según La Liga de la Leche, la lactancia materna previene las alergias por dos razones: la primera, el bebé está expuesto a menos alérgenos en los primeros meses de vida, que es la etapa más susceptible y la segunda, la cubierta protectora que ofrece el calostro evita que potenciales alérgenos penetren el sistema del bebé.
  • Reduce el riesgo de desarrollar obesidad. Gracias a que la leche materna contiene la nutrición exacta que el bebé necesita y la cantidad que ingiere es autoregulada, el niño tiene más probabilidades de aumentar el peso justo y comer la cantidad necesaria para su desarrollo.
  • El sabor de la leche les prepara. Los cambios en el sabor, varían en función de la alimentación de la madre, por lo que se prepara de manera natural al bebé para aceptar mayor variedad de alimentos cuando le introduzcan la comida sólida.
  • Favorece el correcto desarrollo de la mandíbula, los dientes y el habla. Parece mentira, pero el acto de succión contribuye al avance de la mandíbula del bebé, alcanzando una posición apropiada sobre los 8 meses de edad. Cuando la succión se realiza con tetina, los movimientos que realiza el bebé son más pasivos y los músculos de la mandíbula no se desarrollan tanto.
  • Crea un vínculo muy fuerte y especial entre la madre y el bebé. El pecho no sólo les alimenta, también proporciona a los bebés otras necesidades como la proximidad, seguridad y consuelo que favorecen tanto a la autoestima del niño como a su relación con la madre.