...es un entorno que puede llegar a ser peligroso para ellos ya que puede derivar en adicciones o en que comiencen a descuidar sus tareas escolares e incluso que su personalidad se haga más introvertida.

Aunque son más los niños que las niñas, la cifra es alarmante y, los padres debemos estar atentos. Pero, sobre todo, nuestra obligación es la de educar y crear hábitos en los niños desde pequeños para que sean conscientes de que solo pueden jugar durante X momentos del día. Tienen derecho, por supuesto, pero sin descuidar sus obligaciones. ¡Les enriquece más jugar en el parque con otros niños!

¿Qué señales nos advierten de que nuestro hijo/a puede estar sufriendo una seria adicción a los videojuegos?

  • Si asocia a los videojuegos como un premio por comportarse extraordinariamente bien y ves que su comportamiento es impoluto… ¡Quizá es una señal! La perfección no existe…
  • Todo lo contrario, determinados videojuegos suelen derivar en comportamientos más agresivos y alterados. ¿Lo notas? ¿Le escuchas pegar gritos desde otra habitación cuando juega en soledad? ¿Se enfada? Mucho ojo…
  • Parece una tontería, pero, ¿desde que juega online, ha cogido peso?
  • ¿Quiere salir a la calle o al parque o prefiere estar en casa? ¿Hace amigos rápidamente o le cuesta más que a otros niños? ¿Es sociable? Por naturaleza, los niños tardan 0,005 milisegundos en hacer nuevos amigos o en querer salir a la calle. Si no quiere, algo va mal.
  • ¿Es capaz de controlar la cantidad de tiempo que pasa jugando al día? ¿Sigue jugando, aunque se note cansado?
  • ¿Necesita jugar de forma impulsiva y no entiende un NO por respuesta? Uff, ahí es cuando debemos diferenciar si responde a un verdadero problema o a una rabieta infantil.
  • ¿En qué mundo vive?  ¿Lo notas con la mente en otro sitio? Son niños y nosotros adultos, ¡se lo notamos rápidamente!

En definitiva, nadie mejor que nosotros para dar la voz de alarma y parar el problema a tiempo ya que este tipo de actuaciones pueden derivar en problemas psicológicos y de ansiedad serios en nuestros hijos. ¡Nosotros debemos velar por su bienestar!