Hace relativamente poco que la gente ha comenzado a pensar en la felicidad como algo a lo que todo el mundo tiene derecho en todo momento. Y en la búsqueda precipitada de la positividad siempre presente, podríamos estar poniendo piedras en nuestro propio camino. El pensamiento positivo constante, dicen algunos investigadores, significa que una persona nunca puede relajarse, porque ese es el momento en que un pensamiento "negativo" puede salir a la superficie.

E insistir en que "todo sale bien" no ofrece a los “pensadores positivos” un plan B para cuando las cosas no funcionan.

Estas críticas están respaldadas por mucha investigación. Un estudio concluyó que cuando una persona piensa que los demás esperan que no sienta emociones negativas, termina sintiendo más emociones negativas y con mayor frecuencia. Otro estudio informa de que las personas con baja autoestima que repiten una autoafirmación positiva ("soy una persona adorable") terminan sintiéndose peor que las personas que no repiten la frase. Algunos investigadores han relacionado la presión de "pensar en positivo" con la sensación de culpa ("Si no puedo ser feliz, debe ser culpa mía por no ser lo suficientemente positivo").

Sorprendentemente, la negación es otro posible efecto secundario del pensamiento positivo, y algunos expertos incluso culpan de la actual crisis económica (en parte) a la negativa de la gente a siquiera considerar posibles resultados negativos.

 

A pesar de lo que te dirían los gurús, el pensamiento positivo puede ser poderoso, pero también limitante y destructivo. Aunque cualquier esfuerzo hacia el éxito que emprendamos requiera una cierta cantidad de positividad, también necesita realismo. Podemos vernos bloqueados en nuestro crecimiento personal y profesional debido a un excesivo pensamiento positivo, o la creencia de que simplemente nuestros pensamientos positivos, por sí solos, mejorarán las cosas. Y es que amigos, la vida requiere acción, no solo “pensamientos felices”.

Cuando se lleva demasiado lejos el pensamiento positivo, puede resultar en lo que se llama positividad tóxica, una condición marcada por las consecuencias que provienen de confiar demasiado en estos pensamientos felices.

La positividad tóxica es muchas cosas, pero sobre todo es nuestra tendencia a confiar demasiado en nuestros pensamientos (o deseos) positivos como un medio para llegar a donde queremos estar.

Cuando nos apoyamos demasiado en métodos de pensamiento positivo, puede suceder que nos alejemos de la realidad, emociones y circunstancias que son desagradables o complejas. El pensamiento positivo tiene muchos poderes transformadores, pero cuando nos detenemos demasiado en lo bueno, nos olvidamos (convenientemente) de abordar lo malo. Con el tiempo, estas experiencias y emociones desagradables se acumulan, lo que lleva a un torbellino potencial de incomodidad.

 

Ser demasiado positivo también tiene sus contras: aunque pensar “en rosa” puede hacer mucho por nuestra salud física y mental, también puede hacer mucho para dañarla y es importante lograr un equilibrio que funcione.

Muchos artículos te dirán que sueñes en grande y pienses de manera positiva, pero hay estudios que demuestran que esto es en realidad una receta para el desastre. Cuando establecemos metas ambiciosas, es más probable que nos sintamos más convencidos de lograrlas y, por lo tanto, llegamos a creer que tenemos más derecho a alcanzarlas. Una vez que este derecho se establece, nos desinflamos, y eso puede hacer que nuestros sueños se desvanezcan. Aquellos que piensan de manera más pesimista sobre sus objetivos, en realidad, tienen más probabilidades de lograrlos. ¿Quizá su pesimismo los empuja a trabajar más duro? Puede ser. En definitiva, se extrae que demasiada positividad implica unas expectativas poco realistas.

Como todo en la vida, nuestros pensamientos, y su éxito o fracaso, se reducen a la moderación. Pensar de manera demasiado positiva puede llevarte a descuidar tu salud. Concretamente, es más probable que nos ocupemos de la salud cuando estamos preocupados o descontentos con algún aspecto. Sin embargo, cuando flotamos en un mundo de positividad, puede que nos sintamos menos inclinados a cuidarnos como deberíamos.

 

La positividad tóxica también afecta seriamente nuestra flexibilidad psicológica, que es una habilidad importante que nos permite aprovechar nuestros recursos psicológicos según sea necesario. Esta flexibilidad nos obliga a usar el optimismo y el pesimismo por igual, creando un equilibrio que nos permite percibir y procesar adecuadamente la realidad de nuestras situaciones, a pesar del estrés del día a día.

 

Otro aspecto por considerar, a pesar de lo que pueda pensarse, es que demasiada positividad también puede causar problemas en nuestras relaciones románticas. Algunos investigadores han demostrado que la positividad puede volverse tóxica cuando se aplica a una relación que ya es tensa o que lucha con otra serie de problemas.

En lugar de enfrentar los contratiempos que estamos teniendo con nuestra pareja, es más probable que una dependencia excesiva de la positividad nos haga alejarnos de esos problemas, lo que hará que se agraven aún más. Con el tiempo, esto nos aleja cada vez más de la persona que amamos, erosionando así esta importante parcela de nuestra vida.

 

Lo creamos o no, y si nos atenemos al marketing, a las campañas de publicidad de ciertas marcas, a las redes sociales… podemos ver que existe “demasiada” positividad. Cuando nos apoyamos demasiado en el pensamiento positivo y nada más, por sí mismo, como un todo, puede conducirnos a una cierta tendencia a la evitación en nuestras vidas, a la auto victimización y a la carga de un equipaje que no es “nuestro”.

 

Si te has dado cuenta de que estás exagerando o empezando a evitar las cosas desagradables de tu vida, podría ser una señal de que tu positividad se ha vuelto tóxica y es hora de hacer algunos cambios.

Deja de llevar un recuento de los eventos positivos de tu vida y deja de comparar tu felicidad continuamente con lo que crees que se supone que es o lo que debería ser.  Abraza tus emociones por lo que son. Abraza también tu oscuridad. Ser humano es sentir, y eso es algo maravilloso y empoderador. Averigua dónde está tu equilibrio personal de positividad-negatividad y lleva un registro de tus emociones, que te enseñará a identificar mejor las cosas que ya no te convienen y las que te permiten hacer más, llegar más lejos. Se honesto acerca de cómo te sientes y anima a los demás a ser honestos también sobre sus emociones. El pensamiento positivo no se trata de escapar de la realidad, se trata de ver lo bueno a pesar de la realidad.

Acepta lo bueno y lo malo de tu vida y comienza a transformarlo día a día.