Hay personas que, a pesar de estar siguiendo una dieta de adelgazamiento adecuada e, incluso, de estar perdiendo peso con ella, no consiguen el efecto que desean: reducir esa hinchazón que se aprecia en ciertas partes del cuerpo como tripa, caderas… En definitiva, perder volumen.

Esto se debe a que la pérdida de peso y de volumen, no tienen por qué ir obligatoriamente de la mano. Ciertas personas, sobre todo mujeres, no sufren de sobrepeso y, sin embargo, ven como aumenta su volumen corporal alterando su figura.

¿A qué se debe esta situación? Como siempre, las causas pueden ser muchas. Lo primero es analizar si existe algún tipo de patología que explique este incremento volumétrico, y es que esta situación suele estar asociada a trastornos como la acumulación de gases, el estreñimiento o la retención de líquidos. Si este es el caso, antes de iniciar cualquier dieta para perder volumen es necesario solucionar la causa que lo produce.

La fibra de las frutas y verduras será un eficaz aliado a la hora de mejorar la regularidad intestinal. Si lo que hay que reducir es la retención de líquidos, será importante limitar, o incluso eliminar, la sal de las comidas.

La acumulación de gases, por su parte, deberá ser analizada por un médico especialista aunque, de forma genérica, puede deberse a malas digestiones o a un consumo excesivo de bebidas carbonatadas.

Por supuesto, también hay personas que sin tener ninguno de estos trastornos sufren de un volumen corporal excesivo. Un consumo demasiado frecuente de grasas y proteínas produce, como consecuencia, gran cantidad de toxinas que favorecen este incremento. Reducir el volumen, por tanto, no es sólo eliminar grasa "de más", sino también deshacerse de líquidos acumulados y toxinas que se han almacenado en el cuerpo.

Para todo ello, lo que se recomienda es reducir la ingesta de este tipo de alimentos e iniciar una dieta para perder volumen de tipo diurético, en la que abunden los alimentos que favorecen la depuración del cuerpo. Entre ellos, se encuentran gran cantidad de verduras y hortalizas como el espárrago, el apio, la cebolla, la alcachofa, el brócoli, el pepino o el tomate. También algunas frutas ayudan, como el melón, el arándano, la sandía, la naranja o el pomelo.

Pero el principal aliado de cualquiera que siga una dieta para perder volumen es el agua. Una buena hidratación es imprescindible para arrastrar fuera del organismo las toxinas que se han acumulado.

Además de lo que se come, la actividad física es fundamental -al igual que en el resto de las dietas-. Ser constante en este punto es importante, y se recomiendan unos 30 minutos de ejercicio, tres veces por semana. Hay algunos deportes que contribuyen especialmente a reducir volumen corporal, y entre todos ellos destacan la bicicleta, caminar, las pesas y bailar. Quizás éste último resulte el más sorprendente, pero hacerlo con frecuencia -no necesariamente bailes muy movidos- es un sistema eficaz de reducción de grasa y líquidos acumulados.

Nunca se debe olvidar que ponerse a dieta es un tema relacionado con la salud, y por tanto se debe estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.