Aunque habitualmente se use la denominación única de "diabetes" para nombrar esta enfermedad, debido principalmente a que las consecuencias en el cuerpo son las mismas en todos los casos, como el aumento de los niveles de azúcar en sangre, el incorrecto funcionamiento del páncreas y la  insuficiente insulina para controlar la glucosa sanguínea, en realidad no se trata de una sola patología, sino de dos, que se distinguen mediante la apostilla Tipo 1 y Tipo 2.

La tipo 2, también conocida como diabetes del adulto, es la más común. Se presenta en personas mayores porque el páncreas se va deteriorando poco a poco hasta que deja de funcionar y desencadena la enfermedad, aunque el proceso degenerativo empieza bastante tiempo antes.

Al principio no hay síntomas debido a que el páncreas se esfuerza por producir más insulina para contrarrestar la mala calidad de la que genera, pero este sobresfuerzo acaba degenerando en diabetes tipo 2. En este período, denominado pre-diabético, ya hay síntomas y se pueden tomar las medidas adecuadas para intentar evitar la enfermedad. La alimentación es una herramienta inestimable es ese período. Pero, ¿cuáles son las claves de esta dieta para la diabetes?

Los tres puntos primordiales para reducir el riesgo son: el control del peso, la reducción de azúcares en la alimentación, y el ejercicio.

El exceso de peso, sobre todo cuando se concentra en el abdomen, aumenta las probabilidades de sufrir este tipo de patología. Por tanto, es necesario mantener el cuerpo dentro de los límites de IMC adecuados (Índice de Masa Corporal).

A la hora de iniciar una dieta para la diabetes, ya sea de pérdida de peso o de control de la pre-enfermedad, hay que tener en cuenta que no existen los remedios fáciles y milagrosos. No basta con dejar de echar azúcar adicional al café, las infusiones, etc.

Habitualmente, la alimentación que se ha recomendado para prevenir la diabetes es la dieta hipocalórica, es decir, su objetivo se ha centrado en reducir la cantidad de calorías totales ingeridas diariamente. Esto lleva a que se potencien los hidratos de carbono sobre las grasas y los alimentos proteicos. Sin embargo, estudios recientes indican que hay opciones dietéticas más recomendables para la prevención de la diabetes tipo 2, y entre ellas se encuentra la Dieta Mediterránea. Se ha comprobado que este tipo de alimentación es capaz de reducir hasta en un 50% los nuevos casos, sobre todo gracias a ciertos alimentos que son muy recomendables para este fin, como el aceite de oliva o los frutos secos.

Otra opción que se está comenzando a emplear es la alimentación baja en hidratos. Se trata de un tipo de dieta para la diabetes que, manteniendo el equilibrio de nutrientes, reduce la cantidad y la frecuencia de aquellos más ricos en hidratos de carbono. No sólo el azúcar o los dulces, sino también las harinas (especialmente las refinadas) y los almidones. Se aconsejan los alimentos integrales debido a que por su mayor contenido en fibras se digieren con mayor lentitud y provocan un menor efecto sobre los valores de glucosa en sangre (producen menos picos hiperglucémicos).

Como curiosidad, algunos endocrinos incluyen entre los alimentos que deben consumirse con moderación las frutas muy ácidas. Y se aconseja sustituirlas de vez en cuando por otras que contengan altos índices de agua (sandía, melón, peras…).

Nota: Ponerse a dieta es un tema relacionado con la salud, y por tanto debe estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.