Desde hace unos años, parece que el resto del mundo ha descubierto lo saludable que es la alimentación que pueblos como los españoles, los italianos, los griegos o los turcos llevan haciendo siglos, y lo han bautizado como dieta mediterránea.

Los beneficios de esta dieta comenzaron a estudiarse debido a que, comparativamente con otros países occidentales, la población que habitaba la costa del Mediterráneo mostraba menos tendencia a sufrir enfermedades cardiovasculares y era más longeva.

Desde el punto de vista de la alimentación, la dieta mediterránea se caracteriza por usar el trigo (pan y pasta) como fuente primordial de hidratos de carbono, consumir pescado en abundancia (especialmente el pescado azul) al igual que frutas y verduras,  reducir la ingesta de carnes (sobre todo carnes rojas) y utilizar el aceite de oliva para fritos y aderezos. Junto a todo ello, parece que los pueblos mediterráneos son también bastante dados a utilizar especias (lo que reduce la cantidad de sal que echamos a las comidas), consumir frutos secos y legumbres, y tomar vino que, con moderación, es un excelente protector del corazón.

¿Qué relación tienen los nutrientes de estos alimentos con la mejora en el estado de salud? Al parecer, la clave de un sistema cardiovascular más sano está en la escasa presencia de grasas saturadas, que se sustituye por las monoinsaturadas del aceite de oliva y por las poliinsaturadas (omega-6 y omega-3) del pescado. Por su parte, las frutas (cítricos, fresas…) y frutos secos proveen de gran cantidad de antioxidantes que alargan la vida, pues protegen del envejecimiento celular y, en gran medida, del cáncer.

Debido a que la dieta mediterránea se ha extendido a regiones donde no es tradicional y a que los países mediterráneos han modificado el estilo de vida y se han alejado de esta dieta "ideal", los nutricionistas han elaborado una pirámide alimentaria específica para este tipo de alimentación y se ha modificado para cada país, teniendo en cuenta que no en todos ellos se cuenta con el mismo tipo de alimentos. La base de la pirámide serían los productos de origen vegetal. Se recomienda que en todas las comidas haya un componente de aceite de oliva, otro de cereales, otro de verduras y un cuarto de fruta.

En el centro de la pirámide se sitúan los frutos secos, las especias (entre ellas, el ajo y la cebolla) y los lácteos (preferiblemente yogures bajos en grasa). Un escalón por encima, los huevos, legumbres, pescado y carnes blancas. La carne roja se debe consumir en menor cantidad y, finalmente, en la cúspide, los dulces (no se recomiendan más de dos raciones de dulces a la semana, entre los que se cuenta el azúcar, las bebidas azucaradas y la bollería).

Pero la dieta mediterránea no es sólo lo que se come. También es un estilo de vida propio de países con un clima más benévolo. Debido al calor del verano no es difícil conseguir que se beban los dos litros de agua recomendados por día. También entre los pueblos mediterráneos son tradicionales los paseos, una forma de hacer ejercicio ligero cada día, y la siesta, que contribuye al descanso.

A pesar de los numerosos beneficios que parecen reportar este tipo de alimentación, se debe tener en cuenta que ponerse a dieta es un tema relacionado con la salud, y, por tanto debe haber una supervisión en todo momento de un médico o un profesional de la nutrición.