La edad y el sexo son dos condicionantes muy importantes a la hora de conjugar nutrición y dieta. Ambos parámetros deben tenerse muy en cuenta al elaborar un tipo de alimentación adecuada en la que estén presentes todos los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento del organismo, sin excesos ni defectos.

Durante la infancia y la adolescencia, el objetivo de la alimentación es cubrir las necesidades de un cuerpo en rápido crecimiento. Si esto no ocurre, se producen retrasos en el desarrollo físico, psíquico y madurativo. De ahí, la importancia de atender correctamente a la nutrición y dieta en esta fase. Además, toma especial relevancia, el aporte de ciertos minerales (el calcio, el hierro y el zinc) y vitaminas (A, D y B12). El consumo de proteínas debe estar ligeramente aumentado con respecto al de los adultos (sin superar el 15% de las calorías totales del día), así como el de las grasas (alrededor del 30% del total de la energía diaria).

La diferenciación en la alimentación entre sexos se inicia alrededor de los 10 años y se mantiene toda la vida. De forma genérica, una mujer necesita consumir menos calorías que un hombre en sus mismas circunstancias (edad y actividad física), pero, por el contrario, precisa más vitaminas y minerales que él. Esta paradoja hace que la alimentación femenina deba ser atendida con más minuciosidad, si cabe.

Además, cada etapa en la vida de la mujer precisa de un tipo de nutrición y dieta, que viene determinada, principalmente, por sus peculiaridades hormonales. Debido a que los hombres carecen de estos "vaivenes", sus necesidades de alimentación a lo largo de la edad adulta son más constantes.

En las mujeres, el proceso de envejecimiento del cuerpo comienza en la treintena. A esta edad, debe reducirse ligeramente la ingesta de hidratos de carbono (y preferir los carbohidratos de digestión lenta), así como incrementar también de forma ligera las proteínas (más de pescado que de carnes rojas). Además, los lácteos deberían ser desnatados.

Sin embargo, el verdadero "cambio" se produce a partir de los 40. La producción de estrógenos desciende y al organismo le cuesta cada vez más metabolizar las grasas, hasta que llega la menopausia. En este momento, el objetivo de la alimentación debe ser evitar los problemas de salud asociados a esta nueva condición. Así, deben consumirse más grasas insaturadas (restringiendo las saturadas) y reducir el aporte de sal para evitar problemas cardiovasculares. Por otra parte, con la finalidad de no sufrir osteoporosis, han de mantenerse bajo control los niveles de vitamina D y calcio, aportando lo suficiente para mantener la salud de los huesos.

En la tercera edad el gasto de energía es menor, pero las demandas de ciertos nutrientes aumentan. Entre las principales recomendaciones, para esta etapa, está el mantener un adecuado aporte de líquidos, ya que en los ancianos disminuye la sensación de sed y corren riesgo de deshidratarse. También debe aumentar la ingesta de fibra (para un correcto funcionamiento del sistema digestivo) y de los derivados lácteos, al tiempo que se reduce la de azúcar y sal. Además, las comidas no deben ser copiosas.

Nota: Adoptar una dieta determinada es un tema relacionado con la salud, por lo que se debe estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.