Si eres de esos a los que les gusta ducharse con el agua muy caliente, cuidado, porque puedes estar dañando tu piel sin saberlo. Y es que la temperatura con la que mojamos nuestro cuerpo es un dato de gran importancia para nuestra salud.

Una buena ducha caliente es uno de los grandes placeres de la vida, especialmente después de un largo y frío día de trabajo. Es una experiencia gratificante a la que no solemos renunciar. Pero, seguro que no sabías que una ducha caliente podría ser la culpable de muchas de las dolencias de tu piel, especialmente en lo que se refiere a la salud cutánea.

De hecho, hay dermatólogos que avisan de que cualquier afección cutánea caracterizada por una barrera cutánea defectuosa puede empeorar con una ducha de agua caliente. Las altas temperaturas pueden llegar a eliminar el sebo bueno que tiene la piel, junto a las grasas y aceites saludables necesarios para la salud de la misma e incluso la deshidrata.

Seguro que alguna vez te has fijado en que tus dedos se arrugan tras pasar un periodo de tiempo prolongado en agua caliente. Pues este fenómeno es una señal clara de que la humedad ha sido eliminada de la piel.

Pero no solo las personas que padecen alguna afección en el órgano más grande del cuerpo deben evitar las duchas calientes. Pasar prolongados períodos de tiempo bajo el agua caliente puede tener efectos negativos sobre la piel sana e incluso en el cabello.

Hay muchos casos de eccema que empeoran después de verse sometidas a largas duchas calientes. Pero el eccema, también conocido como dermatitis atópica, no es la única afección que puede agravarse con las duchas calientes. De hecho, se dan casos en los que la psoriasis, el acné, la rosácea y la piel excesivamente seca pueden empeorar por las duchas prolongadas a una alta temperatura. Esto se debe a que todos estos casos se producen por defectos de reparación de la barrera cutánea.

Generalmente tener la piel seca es consecuencia de que una barrera cutánea se ha deteriorado debido a una disfunción o deficiencia en las grasas saludables, que son necesarias para la capa superior de la piel. Estas sustancias son el colesterol, ácidos grasos y ceramidas, que son esenciales para que la piel desarrolle una función normal.

La piel seca puede convertirse en un problema más grave cuando se le expone de forma regular y prolongada al agua caliente, ya que su acción elimina aún más la capa protectora de lípidos, responsable de mantener la humedad y las bacterias e irritantes fuera.

De hecho, las personas que tienen la piel extremadamente seca o que son genéticamente propensas a tener piel sensible, son candidatas a desarrollar eccema, que se caracteriza por parches rosados, secos y con picazón.

Aunque padezca de piel seca o cualquier otra condición agravada por el agua caliente, una ducha muy caliente todavía no le hace ningún favor a la piel. Porque como hemos explicado, bañarse durante demasiado tiempo hace que la piel se deshidrate ya que se eliminan los aceites 'buenos' de la piel. De hecho, someterse a duchas con altas temperaturas favorece la piel seca y con picazón, a medida que se eliminan los niveles de humedad.

De forma similar a lo que ocurre con la piel de la cara y el cuerpo, el agua caliente puede eliminar los aceites necesarios del cuero cabelludo, lo que puede ocasionar inflamación y, además, impide el crecimiento del cabello.

¿Cuál es la temperatura ideal de una ducha?

Para mantener la piel sana e hidratada, el agua tibia es la mejor opción para cuidarnos. Asimismo, lo más recomendable cuando nos damos un baño es usar jabón suave que no contenga detergentes en sus ingredientes. Y, por supuesto, hidratar la piel con cremas especializadas para cada tipo de piel.