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Porqué nos gustan tanto los besos

Porqué nos gustan tanto los besos Vida Saludable

Los besos, son un acto natural y que en España utilizamos de varias formas, como saludo, como muestra de afecto o como gesto de amor. Y es que ya lo dice la canción: la española cuando besa, es que besa de verdad, y a ninguna le interesa, besar por frivolidad.

Los besos significan muchas cosas y dependiendo de la cultura se dan más o menos. De hecho, a muchos extranjeros les llama la atención nuestra forma de saludarnos con dos besos, ya que lo ven como una invasión.

Pero, ¿de dónde vienen los besos y para que sirven?

Encontrar una respuesta a esta cuestión es necesario escarbar en nuestro pasado y ver en qué se basa esta costumbre. Algunos psicólogos creen que el beso es un acto al que estamos predispuestos genéticamente y cuya utilidad es básica para la perpetuación de la especie.

En torno a este tema, muchos investigadores han señalado la importancia de los besos en la resolución de dos problemas básicos: encontrar pareja y estrechar lazos con otras personas.

Los besos en la búsqueda de pareja

Cuando conoces a alguien uno de los primeros indicios para saber si tenemos o no química con una persona, es con un beso. Este acto tiene que ver con nuestra sensibilidad inconsciente para analizar señales químicas que provienen del cuerpo de la potencial pareja. El olfato, también entra en juego en esta tarea, pero el sentido del gusto también sirve para algo similar.

Por si no lo sabes, detectar patrones químicos en la saliva de la otra persona es útil a la hora de conocer el estado general de su cuerpo, sus niveles hormonales y las características del sistema inmunitario. Por este motivo, los besos son una forma de conocer indirectamente el estado de salud de la persona con la que lo compartimos, y de hecho es una forma de saber hasta qué punto su sistema inmunitario complementa al nuestro, y a partir de ahí decidir inconscientemente si puede ser una buena pareja reproductora.

Besos para estrechar lazos

Otra forma muy extendida de entender los besos no es otra que un protocolo para estrechar lazos con alguien. Pero en este caso también existe una vertiente inconsciente que va más allá de la carga simbólica asociada a esta costumbre. Se ha observado que los besos producen un incremento en la segregación de oxitocina y endorfinas, sustancias asociadas a la creación de vínculos afectivos y la eliminación de tensiones.

Igualmente, los neurotransmisores serotonina y dopamina, que están asociados al enamoramiento y la adicción, también se disparan durante el acto del beso. Por lo tanto, si añadimos todos estos factores el cóctel de hormonas anterior, el resultado obtenido es lo que se conoce como el amor romántico. Y la persona con la que se ha compartido ese beso se vuelve, de repente, en alguien más importante.

Y, si a esto le añadimos el hecho de que cuando damos un beso, nos sirve además como un acto muy útil para elegir pareja, es evidente que las funciones del beso están enfocadas hacia la reproducción y la crianza.

Por eso, el ser humano podría estar predispuesto a los besos en la boca por su legado evolutivo, que también se ha observado en otros animales. Pero la evolución de las culturas habría sido la responsable de crear las diferentes variedades de beso y moldeando la forma en la que se presentan.

Entonces, ¿por qué nos gustan los besos?

Obviamente, nadie decide besar a otro como un método para obtener información sobre esa persona, ni siquiera para estrechar lazos con ella. Los besos nos gustan, es una realidad. Pero ha sido fruto de la evolución ha hecho que la principal utilidad de este acto quede enmascarada por un objetivo a corto plazo, que no es otro que el de obtener placer.

De hecho, este placer está basado en la gran cantidad de neuronas sensoriales que se encuentran en la lengua y los labios. Además, estas zonas exponen una de las mayores densidades de células de este tipo, y por eso son enormemente sensibles a los estímulos potencialmente placenteros.

Por eso con un beso de pocos segundos nuestro cuerpo genera una importante cantidad de información que va directa al cerebro, por ello, gran parte de los procesos mentales empiezan a girar en torno a esa experiencia.

Cuando se produce el beso, empiezan a segregarse de forma masiva las sustancias como la oxitocina y los neurotransmisores relacionados con el placer y el enamoramiento cobran protagonismo. De ahí que un buen beso pueda hacer que se pierda la noción del tiempo, ya que todo nuestro cuerpo está prestándole muchísima atención a lo que ocurre en ese momento.

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