Es claro que la pandemia mundial que ha provocado el Covid 19 está siendo devastadora. Y sus consecuencias no sólo se están transformando en vidas humanas, sino que acarrea una crisis a nivel global que va a ser difícil de gestionar.

Las estimaciones que se hicieron en un primer momento del PIB del primer trimestre confirman que los efectos de la crisis sanitaria sobre la actividad económica van a ser muy acentuados en los momentos de confinamiento.

No obstante, aunque el confinamiento solo supuso 2 de las 13 semanas del primer trimestre, bastaron para que las caídas del PIB fueran de gran intensidad entre enero y marzo. Estos efectos se vieron especialmente en Europa, donde cayó y un -3,8% trimestral, y los países más afectados del continente fueron los del sur de manera más intensa: primero Francia -5,8%, seguida de España -5,2% e Italia -4,7%. Todo esto anticipa un desplome de la actividad del segundo trimestre, de abril a junio, que nunca había ocurrido en tiempos de paz. Es más, el BCE, estima una caída del 15% en su peor escenario.

Por otro lado, está el caso de Estados Unidos, donde la intensidad del ajuste fue más baja que en Europa, un -1,2% trimestral o -4,8% en términos anualizados. El motivo no es otro que el retraso en los ritmos de contagio con respecto a Europa, ya que el confinamiento comenzó mucho más tarde. Sin embargo, la caída del PIB ha sido parecida a la del peor trimestre de la última recesión. De hecho, la pandemia del Covid 19 ha puesto punto y final a la expansión económica más longeva de la historia de EE. UU, que había abarcado 43 trimestres consecutivos.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, gran parte del descenso de la producción de bienes y servicios ha sido derivada precisamente por la importante caída de la demanda interna. Precisamente EEUU, se ha debido al ajuste rápido de la inversión en bienes de equipo, un 15,2% menos, y del primer descenso en el gasto privado en una década (-7,6%). Toda esta situación ha supuesto un inusual incremento de la tasa de ahorro de las familias del 7,6% al 9,6% de la renta disponible.

Y será gracias a este comportamiento de ahorro un factor determinante para la recuperación de la crisis. Y pese a estos datos llama poderosamente la atención que EEUU, un país con casi 3 billones de dólares acumulados en programas fiscales de rescate, que se dice pronto, el presidente de la Fed ha vuelto a pedir un incremento del esfuerzo fiscal. Y es que está preocupado por cuatro aspectos en concreto:

  • la incertidumbre que aún rodea al desarrollo de la pandemia
  • la posible eliminación de la capacidad productiva
  • la dimensión global de la crisis
  • el deterioro de la capacidad para encontrar trabajo de los trabajadores que están en paro.

Con respecto a nuestro país, los datos de PIB del primer trimestre fueron una caída del 5,2% trimestral y un -4,1% interanual. Estos datos estaban en el rango de previsión, especialmente después de que la EPA aseverase la existencia de un descenso del 4,5% en el número de horas trabajadas y también por que las ventas del comercio minorista registraron en marzo el peor dato de toda la serie, con un descenso del 12,6% interanual.

Este retroceso del PIB en el primer trimestre se explica, fundamentalmente por el deterioro que se ha producido en la demanda interna, que añade 4,9 puntos negativos. Es merma es, sobre todo, por el consumo de hogares (-7,5%) e inversión en construcción (-9,6%). No obstante, la inversión en equipo cayó en menor medida (-3,6%), y sólo el gasto de las AA.PP. se mantuvo en terreno positivo (+1,8%).

En lo referente a la demanda externa, se observó la caída de otras tres décimas al crecimiento del PIB, y como resultado del retroceso, también cayeron en el mismo porcentaje, un -8,4%, tanto las exportaciones como las importaciones.

En el lado de la oferta es destacable el deterioro del sector de la construcción, cuyo VAB se redujo un 8,6%, y los servicios (-4,1%), sobre todo en aquellas ramas que han sido las más afectadas por el confinamiento: comercio, transporte y hostelería (-9,7%) y actividades artísticas y recreativas (-10,7%).

En conclusión, en el primer trimestre, la caída del PIB nominal en tasa interanual (-2,9%) se ha visto frenada por el aumento del deflactor en un 1,3%. Hay que tener en cuenta que esta tendencia no va a ser la misma en el resto del año, especialmente si tenemos en cuenta que, con los datos preliminares, la variación anual del IPC fue del-0,7% en abril, siete décimas por debajo de la registrada en marzo. Uno de los motivos de esta caída ha venido propiciada por el descenso de los precios de los carburantes y combustibles.